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Opinión

El ritmo de la tecnología

Yanela Martínez Flórez
Yanela Martínez Flórez
Columnista
14 de julio de 2026

En un espacio de reflexión sobre la cultura digital surgió una idea que merece quedarse más tiempo con nosotros: el problema ya no es solo la tecnología, sino la velocidad con la que está transformando nuestra manera de vivir.

Dicen que cada generación ha sentido que vive tiempos de cambio. Tal vez sea cierto. Sin embargo, pocas veces esos cambios habían ocurrido con la rapidez que vemos hoy. Hace apenas unos años era difícil imaginar que una herramienta pudiera transformar la manera de trabajar, estudiar o crear en cuestión de semanas. Hoy ocurre con una frecuencia que casi no deja espacio para comprender una novedad cuando ya aparece la siguiente. Vivimos actualizando dispositivos, aprendiendo plataformas y adaptándonos a herramientas que parecen quedarse viejas antes de que terminemos de conocerlas. La tecnología ha traído avances extraordinarios. Ha acortado distancias, facilitado tareas y abierto oportunidades que antes parecían imposibles. El problema no está en el progreso, sino en el ritmo con el que intentamos seguirlo. Cada día aparece una nueva tendencia, una nueva aplicación o una nueva forma de hacer las cosas. Y, casi sin darnos cuenta, empezamos a sentir que siempre vamos un paso atrás. Como si estuviéramos obligados a saberlo todo, aprenderlo todo y responder de inmediato. Quizá por eso también se ha vuelto tan difícil detenerse. Nos cuesta leer con calma, conversar sin mirar el teléfono o simplemente dedicar tiempo a pensar. Pareciera que la velocidad se convirtió en una medida del éxito, cuando en realidad muchas de las mejores decisiones todavía necesitan algo que ninguna tecnología ha logrado reemplazar: tiempo. El mundo seguirá avanzando, y seguramente lo hará cada vez más rápido. Pero tal vez el verdadero desafío no sea correr detrás de cada novedad, sino aprender a distinguir cuáles merecen nuestra atención y cuáles pueden esperar. Porque el progreso no debería medirse solo por la rapidez con la que cambia la tecnología, sino también por nuestra capacidad de seguir siendo dueños de nuestro tiempo.