
El Rey Salomón

El libro de Eclesiastés, atribuido al rey Salomón, explora la vanidad de la vida. Reflexiona sobre la superficialidad, el fracaso y la búsqueda del sentido, ofreciendo claves para la paz y el gozo.
El libro de Eclesiastés proviene del siglo III antes de Cristo, pero su autoría se le atribuye al rey Salomón, porque se asimila a su propia experiencia, y por reflejar las enseñanzas que él divulgó. Aunque es uno de los libros más cortos del Antiguo Testamento, contiene un manual existencial que, con seguridad, nos puede orientar hacia el auténtico sentido de la vida. El significado que se dio al término vanidad, dentro del contexto de la época, es el de superficialidad, futilidad, vaciedad, frustración y transitoriedad. Todo esto enmarcó igualmente, la vida de Salomón que estuvo llena de altibajos porque a pesar de toda su gloria, poder, sabiduría, y riqueza, experimentó el fracaso, tristeza, ambigüedad, desazón, miedo, soledad y ansiedad. Él fue Rey de Israel, y al principio gobernó con la sabiduría dada por Dios, la que le representaba una fama tal, que desde los confines de la tierra llegaban a conocerlo, conquistarlo o simplemente escucharlo. Contaba con una fortuna aparentemente inagotable, tenía los mejores caballos de guerra, disfrutó de todos los placeres posibles para la época. Todo esto hizo que Salomón se alejara de Dios a quien amaba y servía, para luego caer en un abismo emocional que lo llevó a vivir sin un propósito divino e inmortal, que incluso lo arrastró a la idolatría, olvidándose de todas sus promesas hechas a Dios. La vanidad se ubica en el alma, desde donde intenta enmascarar el exterior para ocultar el vacío interior, que se pretende llenar con objetos, belleza, juventud, emociones, poder y placeres que, por paradoja, producen un mayor dolor o sin sabor porque nos alejan de la verdadera meta que es hacer méritos para llegar al Cielo. Nos fatigamos mucho usando nuestras propias fuerzas para alcanzar victorias inútiles y cosas que se estropean, ponemos nuestra esperanza en que la felicidad y bienestar provienen de quimeras, y nos distraemos de la verdadera búsqueda, del encuentro con lo realmente esencial y permanente, ese que es eterno y perfecto. ¿Por qué todo es vanidad en la vida humana? Una respuesta sencilla sería: porque nos alejamos de la fuente vital, dándole la espalda a la esencia para la que fuimos creados. Cuando vivamos en una coherencia espiritual, encontraremos lo que efectivamente puede satisfacer al hombre, dándole la paz y el gozo que solo provienen de Dios mismo. "¡Vanidad de vanidades, dice Qohelet; vanidad de vanidades, todo es vanidad! ¿Qué saca el hombre de todas las fatigas que lo agotan bajo el sol?" Eclesiastés 1, 1-3.