
El reino, el poder y la gloria

Una reunión festiva reunió a figuras políticas y profesionales. El autor reflexiona sobre el servicio público, instando a alcaldes y gobernadores a la humildad, honestidad y dedicación al bien común.
Por Ensuncho de la Bárcena Hace poco fui invitado por un amigo de toda la vida a una gran celebración que me hizo recordar las fiestas de fin de año en el Club San Marcos, porque reunió a gente entrañable a la que no veía hace rato y a gente destacada en el ámbito político. Había congresistas, gobernadores y alcaldes. Tanto en retiro, como salientes y entrantes. Además, había reconocidos profesionales en varios sectores de nuestra sociedad. Fue una bella fiesta, con deliciosa comida, fino licor, la exquisita música de dos bandas de Caimito, la orquesta de Juancho Naranjo y la de nuestros paisanos, los hermanos Piña, Juan y Carlos. También actuó el conjunto de Panguito Maestre. Aprovecho este espacio para agradecer de nuevo a su anfitrión, por su noble gesto. Como el mundo huele a pintura fresca, por el Año Nuevo y el nuevo período de alcaldes y gobernadores, aprovecho también para recordarles a estos que fueron elegidos para servir a Dios y a su pueblo. Que no están allí para lucrarse vilmente, sino para ayudarle a los más necesitados. Les invito a que vean su labor como una misión y no como un trabajo. Por lo tanto, siéntanse más como administradores de un edificio que no les pertenece y menos como dueños de una finca por cuatro años. Así comprenderán lo que significan las palabras que acompañan al Padre Nuestro: "Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria, por siempre, Señor". Que esta renovación de la esperanza que significan las nuevas administraciones locales y departamentales nos dure más de seis meses. Que los alcaldes y gobernadores vuelvan a ser ejemplo. Que donde quiera que vayan sean referentes de honor, dignidad, virtud y mérito. Que se rodeen de gente que sirva al prójimo con honestidad y tomen distancia del hampa, que solo busca el lucro. Que entiendan con lucidez que han recibido un regalo de Dios, para ser útiles al Reino de los Cielos. Que sepan que poder es un verbo, es decir, acción. Y que es sinónimo de amar. Poder no es un sustantivo mayúsculo que alimenta la soberbia y la lujuria. Recuerden al rey Salomón, hijo de David, que pidió solo dos cosas al Rey de Reyes y Señor de Señores: humildad y sabiduría. Pídanle al Altísimo, de rodillas y todos los días al despertar, que los ilumine en la toma de decisiones. Que el Espíritu Santo esté inspirándoles cada gesto, cada palabra, cada movimiento. Si actúan de esta manera, al final de sus administraciones serán aplaudidos con alegría y gratitud. Por la grandeza de sus almas. Amén.