
El Reino de Dios

El capítulo 6 del Evangelio de San Mateo es uno de mis favoritos de las Sagradas Escrituras porque nos enseña con claridad que uno es el sendero que conduce a la Vida Eterna; y otro el que conduce a la muerte: “Junten tesoros y reservas en el Cielo, donde no hay polilla ni óxido para hacer estragos, y donde no hay ladrones para romper el muro y robar”.
La Verdad no admite dudas: “Nadie puede servir a dos patrones: necesariamente odiará a uno y amará al otro, o bien cuidará al primero y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir al mismo tiempo a Dios y al Dinero”. Por mucho que los falsos profetas de la política y la economía conduzcan a las masas a pensar que la fama y la riqueza son asuntos divinos, Nuestro Mesías nos enseña con transparencia poética: “No anden preocupados por su vida con problemas de alimentos, ni por su cuerpo con problemas de ropa. ¿No es más importante la vida que el alimento y más valioso el cuerpo que la ropa? Fíjense en las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, no guardan alimentos en graneros, y sin embargo el Padre del Cielo, el Padre de ustedes, las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que las aves?”. A los esclavos de la comida, la moda, la bebida, el gimnasio y el placer, les muestra el Camino con exquisita sabiduría: “Y ¿por qué se preocupan tanto por la ropa? Miren cómo crecen las flores del campo, y no trabajan ni tejen. Pero yo les digo que ni Salomón, con todo su lujo, se pudo vestir como una de ellas. Y si Dios viste así el pasto del campo, que hoy brota y mañana se echa al fuego, ¿no hará mucho más por ustedes? ¡Qué poca fe tienen! No anden tan preocupados ni digan: ¿tendremos alimentos? o ¿qué beberemos? o ¿tendremos ropas para vestirnos? Los que no conocen a Dios se afanan por esas cosas, pero el Padre del Cielo, Padre de ustedes, sabe que necesitan todo eso. Por lo tanto, busquen primero el Reino y la Justicia de Dios, y se les darán también todas esas cosas”. Y en el capítulo 12 del Evangelio de San Marcos, nos enseña que el Reino de Dios está al alcance de todos, con el mandamiento que resume toda la Ley y los Profetas: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu inteligencia y con todas tus fuerzas. Y amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento más importante”. Feliz Navidad para todos.