
El que no se sabe si va a llegar

La impuntualidad presidencial: Petro acumula más de 80 retrasos en un año, superando incluso a figuras como Diomedes Díaz. Un comportamiento que daña la imagen del país.
Por Pablo Rosselli cock Diomedes Díaz, el cacique de La Junta, con frecuencia llegaba tarde a sus conciertos y no quedaba más remedio que aplazar la rumba y la gozadera. Igual, qué más daba escuchar La reina o Sin Medir Distancias a las 3 a.m en vez de a la 12 pm. Algo parecido sucedía con el genio salsero Héctor Lavoe, que también era incumplido. Con humor se excusaba diciendo que no era que llegara tarde sino que su público llegaba muy temprano y, muerto de la risa, continuaba con sus mejores pregones. Esto se puede permitir en el negocio del espectáculo pero no en la agenda del Presidente de un país. Petro, en su primer año de gobierno, ha hecho gala de un incumplimiento sin precedentes. Ha llegado tarde a más de 80 compromisos oficiales y ostenta el indecoroso récord de incumplir 1,5 veces por semana desde que se posesionó. Ha dejado con los crespos hechos a presidentes, militares de alto rango, alcaldes, gobernadores, magistrados de las altas cortes, empresarios, y a sus seguidores. Lo peor, sin siquiera dar una disculpa diferente a tener una gripa, un dolor de estómago o un cambio súbito en su "agenda privada". Dicen que la verdadera causa de sus tardanzas proviene de los designios del dios Baco, de los derivados de la hoja sagrada, de la rumba, de un trastorno depresivo o de todas las anteriores. Cualquiera que sea la razón o las razones de sus desafueros, está dejando una muy mala imagen del país con su impuntualidad. Mientras escribo esta nota, Petro no clasificó para la foto de la cumbre amazónica en Brasil y dejó esperando al presidente de la Confederación Suiza con el que había agendado una cita en Bogotá. Vergonzoso. A propósito de la puntualidad, recuerdo con gratitud a un profesor de la facultad de medicina que decía lo siguiente: "si tienes una reunión a las siete y llegas a esa hora, llegaste tarde. Debes llegar al menos cinco minutos antes". Me ofenden los incumplidos. La puntualidad implica buena educación, cortesía, orden, disciplina y confianza. Países como Suiza, Alemania, Japón y Singapur tienen una economía sólida y unos altos estándares de vida, en gran parte, por el especial respeto que tienen por el tiempo. Esto se traduce en eficiencia y bajos niveles de corrupción. Nuestra nación pierde millones cada año a raíz del incumplimiento que suele acompañar el subdesarrollo. Yo me pregunto, ¿por qué el Presidente va a ejecutar alguna de sus ofertas de campaña, si ni siquiera puede cumplir con una agenda inherente al cargo que desempeña? Algunos politólogos le dan algunas sugerencias acerca de un cambio en su estilo de gobierno para que logre formar un equipo sólido ahora que pasó un primer año de promesas y, sobre todo, de compromisos incumplidos. Pero no he oído a nadie sugerirle que llegue a tiempo. Ese es el punto de partida. Lo demás viene después. Pero es difícil que lo logre, puesto que su megalomaníaca personalidad grita la frase que azota a Colombia: ¿usted no sabe quién soy yo?