
El poder de la ficción

San Marcos del Caribe, conocido como La Perla del San Jorge, entrelaza historia, literatura y fe. Un análisis sobre la importancia de la ficción en la vida humana.
Por Ensuncho De La Bárcena Todo es literatura, excepto la literatura. Escribo desde un lugar del Caribe de cuyo nombre siempre quiero acordarme. Porque es uno de los cuatro evangelistas, uno de los cuatro cronistas de la vida de Jesús de Nazareth, el hombre más importante de la Historia. Para nosotros, los cristianos católicos, es el Mesías anunciado durante siglos por los profetas. Es nuestro Salvador, Rey de Reyes y Señor de Señores. Para otros, un mortal que nació en Belén en tiempos de Herodes, y murió en Jerusalén, en tiempos de Herodes Antipas, ambos vasallos del Imperio Romano. San Marcos del Caribe es conocido como La Perla del San Jorge, por ser la ciudad más relevante en la historia de nuestro río. Historia que se remonta a la edad antigua cuando nuestros ancestros zenúes supieron dar forma a la obra de ingeniería hidráulica más extensa del mundo. Un sistema que aprovechaba la crecida cíclica de nuestros ríos, caños y arroyos, para irrigarla por todo el Reino Encantado de las Aguas. A lo largo y ancho de 7.500 kilómetros cuadrados entre el San Jorge y el Sinú. San Jorge está ligado a la historia de la literatura de manera inevitable, porque la tradición nos indica que un par de escritores llamados Miguel de Cervantes Saavedra y William Shakespeare fallecieron el mismo año, alrededor de la fiesta de San Jorge, el 23 de abril de 1616. Y no creo que sea algo casual. Al menos así lo pienso yo, que me dedico a este antiguo y noble oficio que suele ser proscrito, señalado, vilipendiado, ninguneado, bembeado, perseguido, pordebajeado, tildado, calumniado y burlado… hasta que una mañana cambia el destino y pone el nombre del escritor a dialogar con los clásicos. ¿Por qué ocurre esto si el oficio del escritor no es más antiguo ni más noble que el del panadero? Porque necesitamos de la ficción, como necesitamos del pan y del sueño. Porque la vida es mucho más que trabajar para pagar facturas y deudas. Porque estamos hechos de historias, como estamos hechos de carne y hueso. Porque necesitamos de la imaginación, tanto como del conocimiento. Y esto es lo que saca de quicio al poder. Por eso seguimos existiendo poetas y narradores. Porque en el carnaval de la vida todos necesitamos formar parte de una comparsa. Porque no podemos ser tan simples y aburridos como un nombre, número y documento de identificación. Porque somos mucho más que leyes, congresistas y presidentes. Porque somos más que noticieros, periódicos, redes sociales e inmundicia artificial. Por eso necesitamos la novela: para entender esto tan extraño que llamamos realidad.