
El Petro de siempre. Un país esperando… y él hablando

Como si estelarizara su propio stand-up comedy, Gustavo Petro encadenó historias fuera de contexto, infidencias personales que no venían al caso, pullas, ataques y reflexiones tan desatinadas como ofensivas.
Así transcurrió su intervención esta semana en un acto público en el Hospital San Juan de Dios: un discurso de más de dos horas en el que, de manera temeraria, se refirió incluso a la supuesta vida íntima de Jesucristo, pero no dijo una sola palabra sobre la crisis del sistema de salud en Colombia. "Es Petro siendo Petro", expresaron con resignación algunos de los asistentes ante una intervención pesada, errática, en la que el mandatario pareció improvisar sobre la marcha y lanzar frases de lo primero que se le venía a la cabeza. Lo primero que llamó la atención fue que, a pocos días de su encuentro en la Casa Blanca con Donald Trump, arremetiera nuevamente contra Estados Unidos y saliera en defensa de Nicolás Maduro, a quien calificó de "secuestrado", al tiempo que criticó las acciones del gobierno norteamericano en Venezuela. Para algunos analistas, esta salida puede interpretarse como una forma de autosabotear la reunión en Washington y, luego, victimizarse. De manera burda, en ese mismo escenario el mandatario colombiano hizo referencias a su desempeño sexual, se autodefinió como "macho alfa" y se vanaglorió de su supuesto vigor amatorio. Desfasado y soez, olvidó que no estaba en una reunión privada para presumir de intimidades, sino en un acto público donde tales alardes resultan fuera de lugar. Otra de las ocurrencias que soltó sin reparo fue que los ladrones de celulares cometen ese delito para regalar los aparatos a sus parejas. Una hipótesis tan ligera como desconectada de la realidad: ahora, según el presidente, el hurto sería un acto motivado por el amor. Luego pasó a criticar el himno de Bogotá y a señalar a Gonzalo Jiménez de Quesada como un genocida, una de sus palabras predilectas, pero no dedicó ni una sílaba a los asesinatos perpetrados por bandas criminales ni al deterioro del orden público en la Colombia de hoy. En medio de su perorata sin sustento, volvió a opinar sobre la vida íntima de Jesucristo, hiriendo susceptibilidades y dejando un mal sabor entre muchos de los presentes. Así transcurrió una larga sucesión de frases provocadoras y ofensivas pronunciadas por Petro. Tal vez para generar ruido en torno a su figura; tal vez para desviar la atención de asuntos realmente urgentes; o quizá, simplemente, para seguir siendo, como dicen, el Petro de siempre.