
El peligro del qué dirán

El miedo al "qué dirán" transforma vidas, llevando a la infelicidad y la pérdida de identidad. La presión social fomenta la conformidad, limitando la autonomía y los sueños individuales.
Por Olga Bustamante Madrid No solemos preguntarnos sobre la repercusión del ¿qué dirán? en nuestra vida particular. Vemos cómo las personas prefieren hacer reingeniería de lo que realmente son, sin importarles las consecuencias de convertir su vida en una experiencia gris, sin final feliz. Es una escogencia lejana a la realidad, donde prima el temor por el desconocimiento y no aceptación de mí verdadera identidad. Es colocar mis decisiones en manos de otros, con tal de evitar ser juzgados justa o injustamente, porque es más fácil adaptarse a ellos y someterse a ser infeliz, a cambio de aceptación. Este comportamiento generalizado, da como resultado una masa humana de inconformes, títeres del qué dirán. Así educamos a los hijos, así enseñamos a nuestros alumnos. Les mostramos el camino más fácil: ser copias. Porque defender mis pensamientos e ideas es arriesgado, posiblemente no son aceptados. Esta es la radiografía de muchas personas hoy, robotizadas, que caminan, hablan, ríen, visten y opinan como otros. Hasta el punto de comprometer los principios y creencias, para poder encajar, así, muy en nuestro fuero interno, no estemos de acuerdo. Hasta la vida profesional se ve alienada por influencias dañinas, que nunca nos habíamos permitido violentar o socavar. Muy tristemente nos encontramos con casos de jóvenes, que pierden su libertad, porque faltos de experiencia, se dejaron llevar por mal llamados líderes, y terminan con su existencia malograda. Todo, porque el… ¿Qué dirán? les impidió, decir ¡NO! a tiempo Es por esto que las sociedades carecen de verdaderos líderes. Es más fácil aceptar ser guiados que guiar, así podremos evitar asumir responsabilidades y tendremos a quien señalar como culpables. Se pierden los sueños, pero no el cuestionado prestigio, se cambia el rumbo, y también se van al traste los objetivos que algún día nos dieron ilusión. Al final de la vida no sabremos quienes somos. Será un reciclaje de pensamientos ajenos, posiblemente no entenderemos por qué se dieron los fracasos y la pérdida de oportunidades. La reingeniería debe darse siempre, pero para superar mis propias expectativas. Solo mirándome a mí mismo, puedo podar lo innecesario. Mirar hacia afuera es agregarles peso y nutrientes a nuestras debilidades. Todos hemos sufrido en alguna ocasión los embates de ese flagelo, lo importante es descubrirlo y someterlo, no permitir ser sometidos. Vivir la vida con optimismo e ilusión, debe ser una meta para todos, y para eso se requiere autonomía y decisión. Después que pasan las cosas hay muchos 'sabios' opinando. Dice un proverbio turco: "Cuando el carro se haya roto, muchos os dirán por donde no se debía pasar."