
El país indignado

Colombia estalla en indignación ante la violencia guerrillera, que frustra diálogos de paz. Ataques y bombas demuestran la falta de interés en la paz.
Por Miguel Mercado Vergara El país entero está indignado. Con toda razón, lo que se palpa y se siente es una generalizada protesta colectiva de un país que ve con las acciones violentas de la guerrilla la reiteración de una postura encaminada a no concretar los propósitos que han inspirado la instalación de unas mesas dialogantes para explorar la paz que tanta falta hace a todos los colombianos. El estallido de los temibles 'tatucos', que son armas no convencionales de fabricación artesanal con enorme capacidad destructora, es una demostración inequívoca de que los autores de la detonación en territorio araucano no tienen ningún interés en la búsqueda de la paz. Reiteran lo que todo el mundo dice a voz en cuello en el sentido de que lo pretendido es darle caramelos al gobierno para el reacomodo y así proseguir en una confrontación que a nada conduce fuera de lograr fines ilegales. No quieren entender los autores de las atrocidades de último momento que matar policías es matar por matar. ¿Qué tipo de victoria es esta? En el territorio nacional se ha escenificado una confrontación que ya supera los 60 años. ¿Quién ha ganado? Nadie. ¿Quién ha sufrido? Todo el país. Para decir las cosas por su nombre traigamos a la memoria no más a Manuel Marulanda Vélez, 'tirofijo', que ensangrentó a Colombia por casi medio siglo empecinado en una guerra dizque para tumbar al régimen, falleció de viejo no se sabe en qué lugar de la manigua, lejos de su familia y de la sociedad a la que bien pudo servir, enarbolando la quimera del cambio a través de una revolución que nunca alcanzaría. Todos esos comandantes que hoy con una mano dicen negociar y dialogar y con la otra estallan bombas y petardos asesinando compatriotas, son vetustos personajes que se los cogió el tiempo en esa estéril acción que significa ante el mundo un desventurado retroceso histórico porque la lucha armada está proscrita como actividad política. La voz unánime que ya se escucha en todos los rincones del país es que no se permitan más burlas pues ya es suficientemente evidente que no existe ninguna intención de paz. El gobierno no debe permitir que le sigan metiendo los dedos en los ojos. Persistir en una postura tolerante se traduce en una burla tristemente histórica. ¿Si el ELN estuviere gobernando lo aceptaría?. [email protected]