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Opinión

El orden público

Fernando Negrete Montes
Fernando Negrete Montes
Columnista
15 de mayo de 2025

La violencia en Colombia se recrudece, replicando patrones del pasado. Narcotráfico y grupos armados, con reclutamiento forzado, amenazan la estabilidad nacional. La falta de soluciones agrava la crisis.

Por Fernando Negrete Montes Se está extendiendo a todo el país, otra vez, este asunto que se focalizaba en zonas rurales que albergaron en sus inicios a los grupos guerrilleros cuyo objetivo era tomarse el poder y sus fuentes de financiación, eran las escasas rentas rurales por lo que se vieron impelidos a buscar nuevos recursos encontrados en los secuestros y extorsiones para mantenerse en el tiempo porque el objetivo a alcanzar era de largo plazo, mientras la gente común y corriente por medio de la propaganda terminaría apoyándolos. Esta estrategia se cambia veinte años después con la presencia del narcotráfico que cruza la actividad económica y política y transforma a la guerrilla en otro cartel que según han contado víctimas del conflicto, extendían el poder al interior de sus bases afectando a las mujeres y especialmente a las niñas que reclutaban forzosamente, obligándolas a satisfacer sus "gustos" con la complicidad de mujeres que servían de "celestinas" para las desaforadas bajezas de los jefes. Cincuenta años después de esas aspiraciones originales de crear un Estado del bienestar, todo se echó a perder cuando se acepta el enfrentamiento como lo normal y el instrumento para ejercer poder desde las regiones dividiendo la población entre amigos y enemigos, justificando el exterminio de esta que huye despavorida en busca de salvar la vida, dejando a la deriva sus bienes y encontrando en lo urbano, desplazados de otras violencias que pasó por la misma situación. Después de los fallidos procesos de paz del presente siglo que llevan la mitad del tiempo en diálogos, acercamientos, negociaciones, acuerdos y arremetida contra la fuerza pública, las cosas se vuelven a enredar en estos momentos, por la falta de conocimiento y pericia por quienes están en el gobierno que a base de simbolismos y frases creían que se hacían los cambios y que los recursos públicos estaban ahí, en la tesorería como un manantial inagotable. Con un territorio fragmentado y asediado por la violencia y con los recursos públicos para movilizar sectores de la población que imponen por la fuerza sus posiciones contra las mayorías de la población, y sobre la que recae el peso del crecimiento y sostenibilidad de la economía y la generación de los recursos públicos, se va llegando a una parálisis de las actividades productivas que más temprano que tarde, harán de Colombia un Estado fallido. Este último tercio de gobierno debe convocar a la sociedad a mantener la calma, a no dejarse llevar por los afanes y a las autoridades administrativas de todo orden, a dar lo mejor de sí y abrir los espacios para que desde lo local, se cimiente el comienzo de un verdadero cambio que exige también de los grupos políticos, deponer la politiquería como coautora de la situación presente porque "el palo no está para cucharas".