
El ocaso de los dioses 1

El último dios, antes, durante y después de la presidencia, fue Andrés Pastrana. Una lealtad superlativa con su padre se transformó en la candidatura del delfín. Hizo un gobierno a veces reconducido por las recomendaciones de empresarios amigos, en momentos en que el timón parecía suelto. Otras, buscando apoyo en gobiernos extranjeros para ganar la guerra a la subversión. Su ingenuidad quedó plasmada en el primer y multitudinario desencuentro con Tirofijo.
Las nuevas generaciones no lo vieron como conductor de noticias, pero esa faceta le ayudó a la hora de ir a las urnas por la jefatura del Estado. Los vaivenes, unas veces contra sus colegas expresidentes y otras a su sombra, y la falta de explicaciones por su aparición en documentos del caso Epstein aumentan su distancia con el pueblo colombiano. Ingrid Betancourt, enérgica, decidida, auspiciada y respaldada por empresarios amigos del destacado Gabriel Betancourt Mejía, su padre, llegó al Congreso siendo la más votada entonces. A pesar de la rigidez de los apoyos, tenía el valor de acercarse a distintas corrientes políticas presentes en el legislativo, en especial con la izquierda. Pero quería más y decidió aspirar a la Presidencia. El largo secuestro la cambió en casi todo. Hoy da palo a la izquierda y se apega a la derecha, apareciendo en época electoral para imponer sus pareceres, lo que le significó un duro castigo en las urnas este 2026. Pulverizó su partido. La suerte, en lo nacional, no ha estado con Sergio Fajardo. Convencido de la brillantez de sus ideas, ha olvidado que son pocos, muy pocos, los casos en los que los quijotes ganan la batalla a aparatosos muros de contención nada democráticos, levantados por la politiquería, la corrupción, la ilegalidad y los clanes de todos los órdenes. No se trata de aliarse con ellos, ¡ni más faltaba! El asunto era arreciar el discurso, atesorar los votos de las aulas y establecer alianzas respetables con múltiples sectores. Lo han querido vender como ángel inmaculado, olvidando el dicho tan antioqueño: "de riqueza y santidad, la mitad de la mitad". Los opositores le pusieron más fuerza a su presentación como tibio y lo consiguieron. El llamarlo tibio le ganó al título de maestro. Pese a su mayúsculo esfuerzo por conquistar al electorado, el mensaje monótono cansa, desanima y produce somnolencia, y eso un profesor no puede olvidarlo. Los años le pasan a Juan Manuel Galán. Por décadas, una familia protegida por distintos gobiernos, permitió que los hijos de Luis Carlos Galán recibieran una excelente educación. Pero raras veces los delfines igualan o superan a sus padres. Nunca segundas partes fueron buenas y revivir el Nuevo Liberalismo no parece una buena idea. Y mientras el hermano mayor cree en sus cualidades para dirigir el partido y la Nación, el hermano, el alcalde, se inclina por Peñalosa, olvidando todos que el paso por la alcaldía de la capital no es garantía para ganar la Presidencia. Incluso poco le valió al NL estar en el segundo cargo de Colombia.