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Opinión

El Negro Ober y las cárceles

Rafael Negrete Quintero
Rafael Negrete Quintero
Columnista
29 de marzo de 2023

Óber Martínez, alias "Negro Óber", cabecilla criminal, desafía a las autoridades desde prisión. Con múltiples capturas y amenazas, expone fallos en el sistema carcelario colombiano.

Por Rafael Negrete Quintero En sus cortos 37 años ha sido capturado ya en 12 ocasiones. Los medios aseguran que ha pasado por 7 cárceles y al parecer en todas ha encontrado la manera de burlar a las autoridades. Extorsiona y amenaza, aún con medida intramural, como si estuviera en el patio de su casa. Esa es, en resumidas cuentas, la historia de Óber Martínez, alias el Negro Óber, cabecilla de la banda delincuencial ‘los Rastrojos costeños’, grupo que delinque en la Costa Caribe, especialmente, en Barranquilla y otros municipios del Atlántico. Esta semana se volvió viral, desde su celda, gracias a un video grabado con un celular prohibido. Amenazó con asesinar a comerciantes en retaliación por la captura de su esposa, Julieth Martínez, alias Johanna, a quien se le atribuyen los delitos de concierto para delinquir y extorsión. Las autoridades señalan que fue ella quien tomó el poder de la organización criminal de su marido tras su captura. Una pareja explosiva. Pero más allá de la indignación que produce ver a criminales salir en todos los medios reproduciendo amenazas, cuando se suponen que cumplen un castigo, lo que realmente debería llamarnos la atención es lo que está sucediendo en las cárceles del país. De su vasto peregrinaje por los centros de reclusión el personaje de marras ha tenido que ser trasladado por las intimidaciones que ha proferido en cada uno de ellos, pero también por el dinero que ha pagado para comprar guardianes del INPEC e ingresar elementos prohibidos como celulares, joyas y demás elementos de lujo. Diez de los guardianes que hacían parte de su custodia reciente están siendo investigados. Todo indica que los criminales en nuestras cárceles están a sus anchas y no importa si son reiterativas las faltas o si ya fueron condenados a 50 años de prisión como Ober, el poder del dinero adentro de los penales puede con todo. Una aberración para quienes aturdidos por la impunidad reinante creen que las cárceles ponen cierta distancia entre los criminales y su capacidad para hacer fechorías. Lo que se debería contemplar no es solo una reforma al INPEC que se ha vuelto una promesa irrealizable. No hay político capaz de lograr semejante proeza. Lo que deberíamos contemplar, realmente, son medidas que permitan garantizar que los penales cumplan su función de castigo y resocialización. Medidas audaces como cárceles operadas por privados, por ejemplo. Hay que hacer algo distinto. De lo contrario, seguiremos siendo testigos de escenas como las protagonizadas por el Negro Óber, que ponen en riesgo la seguridad de todos los ciudadanos. Ciudadanos que en últimas siguen confiando en que el estado sea capaz de defenderlos de aquellos que sin ningún escrúpulo incumplen una y otra vez la ley.