
El narcisista político

Narciso y el amor propio, un dilema eterno. ¿Hasta dónde es nocivo odiar la apariencia y amar el reflejo? Un político, la comunidad y la toxicidad política, en la encrucijada.
Por Susana Viera En la mitología griega, Némesis en un acto de venganza decidió engañar a Narciso, haciendo que este se acercara a un arroyo y contemplara su hermoso rostro reflejado en el agua. Narciso, no pudo dejar de mirarse y se enamoró perdidamente de su propio reflejo. Ahora bien, ¿hasta dónde es nocivo mirarnos y amar lo que vemos? Médicos en quirófanos y consultorios, y muchos en la cotidianidad somos testigos de que una de las grandes debacles de la humanidad moderna, es el sinnúmero de personas que odian su apariencia. El final del mito tiene una respuesta sobre este amor, y es la incapacidad de resistir la propia belleza y morir por ella. En la historia griega durante el siglo VI a.c, el filósofo Parménides, argumentaba que el mundo estaba dividido por principios contradictorios como luz y oscuridad, frío y calor, peso y levedad, etc. ¿Cuánto ha cambiado la humanidad desde Parménides? Mucho y poco. Los problemas como la pobreza, la exclusión, la desigualdad, la corrupción, la injusticia siguen agobiando la vida terrenal. Y no amarse a sí mismo es parte de una gran contradicción: ser o no ser. Hace poco, se viralizó en redes una escena donde un político brasileño, visitó una comunidad y le prometió solucionar el problema del caño de aguas sucias. Fue elegido y la comunidad no volvió a verlo, tampoco se materializaron las promesas de campaña. Cuatro años después, regresó a la misma comunidad con igual argumento: "estoy aquí para solucionar sus problemas". Durante el recorrido lo llevaron frente al caño y lo empujaron hacia las aguas. Como en una escena muy "cantinflesca", no le quedó otra opción que salir corriendo. Quizás sea una historia real o un dramatizado. Elijo pensar que sí ocurrió. El mundo es cambiante, las acepciones, el clima, las problemáticas y todo se transforma, eso se supone. Entonces, ¿por qué seguimos en relaciones eternas como la cruz de Cristo, a pesar de la toxicidad? Me atrevo a replicar la descripción actual del narcisista: persona capaz de mentir, manipular la verdad y convertir a sus amigos y aliados en culpables sin importarle los sentimientos, solo tu apoyo cada vez; el que te busca cuando sus otras alianzas no funcionan y con cada desplante demuestra lo poco que le interesas; ese que obtiene beneficios de tu sufrimiento y aprovecha tu vulnerabilidad y te cautiva con promesas y migajas. Y para terminar, digamos que es aquel que necesita que tú lo necesites y lo ames incondicionalmente. ¿Lo descrito aplica al candidato por el cual votarás próximamente? Con honestidad suicida, ¿cuántos se sienten víctimas del narcisista político?