
El ministro invisible...

Iván Velásquez, ministro de Defensa, es criticado por su inacción ante la crisis en Catatumbo y su supuesta complacencia con grupos guerrilleros. Su ausencia y declaraciones generan controversia en Colombia.
Por Cristina Plazas Iván Velásquez, el “ministro invisible” de Defensa, cada día deja más claro que su compromiso no está con el pueblo colombiano ni con la seguridad del país, sino con una narrativa que parece justificar, o al menos minimizar, las atrocidades de las guerrillas, esos grupos narcoterroristas que tienen secuestradas amplias regiones del territorio nacional. Esta semana, una vez más, Velásquez brilló por su incapacidad y desconexión con la realidad. Primero, llegó tarde al consejo de seguridad en el Catatumbo alegando una “virosis”. Sin embargo, uno se pregunta: ¿esa misma virosis lo afectaba desde noviembre, cuando la Defensoría del Pueblo emitió una alerta temprana que el gobierno ignoró? Porque lo que enfrentamos hoy en el Catatumbo no es nuevo ni sorpresivo: más de 36.000 personas desplazadas y 7.000 confinadas, en lo que es el desplazamiento forzado masivo más grande registrado desde 1997. Esto no ocurrió de la noche a la mañana. ¿Y dónde estaba el ministro de Defensa todo este tiempo? Invisible, como siempre. Después de este desplante, Velásquez decidió abandonar el país para acompañar al presidente Petro en Haití, dejando atrás una crisis humanitaria sin precedentes. ¿Qué puede ser más urgente que atender el desplazamiento de miles de colombianos y el control territorial de los narcoterroristas en el Catatumbo? ¿Qué clase de ministro de Defensa abandona su responsabilidad en el momento más crítico? La prioridad está en foros internacionales irrelevantes, mientras el país se desmorona. Por si fuera poco, Velásquez tuvo la desfachatez de pronunciarse con una frase que resume su desconexión: “Lo que resulta inconcebible en una organización que se dice guerrillera no es lo que hace, sino que nos recuerda aquellas épocas del paramilitarismo”. Estas palabras no solo son escalofriantes, sino que evidencian una postura complaciente hacia las guerrillas. ¿Qué quiere decir el ministro? ¿Que los guerrilleros son, en el fondo, justificados porque dicen luchar por una causa revolucionaria? ¿Que las víctimas deben resignarse porque estas atrocidades no son “paramilitarismo”? Es inadmisible que quien debería liderar la defensa del país trivialice los crímenes de las guerrillas, como si estas no fueran responsables de las mismas masacres, desplazamientos y violaciones que tanto denuncia. Es llamativo cómo este gobierno insiste en centrar su discurso en el paramilitarismo, una amenaza que, si bien existió y cometió crímenes atroces de lesa humanidad, debe ser rechazada con contundencia. Mientras el Clan del Golfo, el ELN y las disidencias de las Farc amplían su control territorial, el gobierno sigue románticamente aferrado a su narrativa de “lucha revolucionaria”. Como lo destacó Human Rights Watch, estas concesiones han permitido que el Clan del Golfo opere en 392 municipios, el ELN en 232 y las disidencias en 299. Y mientras tanto, las Fuerzas Militares están atadas de manos por restricciones políticas. El presidente culpa al gobierno de Duque por la reducción de tropas en el Catatumbo, pero después de tres años, ¿por qué no han aumentado el pie de fuerza? Para rematar, mientras el país arde, Diosdado Cabello, jefe del Cártel de los Soles, se paseaba tranquilamente por el Catatumbo, demostrando quién manda realmente en esa región. En contraste, Petro y Velásquez estaban en Haití, atendiendo “asuntos internacionales” irrelevantes. Así estamos: un gobierno que no solo ha abandonado a su gente, sino que parece más interesado en proteger y justificar a los grupos que siembran el terror en Colombia. Los grupos armados ilegales no solo ganaron el control del territorio, también ganaron la presidencia. Adenda: La CUT amenaza a los empresarios con un “estallido social” como si fueran ellos quienes aprueban las leyes, mientras guarda un silencio cómplice frente a la grave crisis en la prestación del servicio de salud para los maestros, ocasionada por el gobierno de Petro. Un sindicato hipócrita y vendido que prioriza agendas políticas por encima de las necesidades reales de los trabajadores.