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Opinión

El mesianismo versus la democracia

Bibiana Cabarcas
Bibiana Cabarcas
Columnista
5 de junio de 2024

Latinoamérica persiste en la búsqueda de "mesías" políticos, repitiendo patrones de dictadura. Colombia, con Petro, enfrenta el riesgo de repetir la historia venezolana, amenazando la democracia.

Por Bibiana Cabarcas Desde que los países latinoamericanos se independizaron de España, todos sus habitantes esperan que siempre haya un "héroe o Mesías" que los libere, como hizo Simón Bolívar en su tiempo, sin que exista por parte de los "esclavizados" un solo aporte que se dirija a soltarse de sus cadenas. Es así como desde hace siglos, las sociedades latinas han optado por elegir una y otra vez figuras que encarnan ese prototipo de personajes que prometen solucionarles los problemas, como una especie de Supermán todopoderoso, que pondrá orden en todos los campos de la vida, el gran padre que amorosamente ordenará todo en casa, como si los ciudadanos fueran niños impúberes e incapaces de autodeterminarse. Las consecuencias saltan a la vista, si miramos a nuestros vecinos continentales, podemos evidenciar que los regímenes dictatoriales se propagan inmisericordes, ya que se hacen elegir democráticamente para luego reformar las leyes que los eligieron y así poder quedarse en el poder hasta que nombren a dedo su sucesor, tal y como ocurre en Cuba y como, seguramente, va a ocurrir en Venezuela. Las sociedades que sucumben ante estos demagogos son las que siempre esperan que otros hagan lo que ellas están llamadas a hacer, y esto es, a tomar las riendas de sus propios destinos y a ordenar la "casa" con sus propias manos; los mesías en figura de políticos no existen. Tal vez los venezolanos pensaron, erróneamente, que los gringos vendrían a llevarse a Maduro y librarlos del tirano, viendo en ellos a su mesías que, claramente no lo fue ni lo será. Ellos deben defender su nación y la democracia con todas las herramientas que tengan en su haber; tarea algo dificultosa si tenemos en cuenta que han pasado más de 20 años desde que el comunismo se asentó en ese país. En Colombia estamos recorriendo peligrosamente el mismo camino, bajo la figura del autoproclamado mesías Petro, quien ya asoma sus garras amenazando con una constituyente del pueblo, sin pasar por el congreso, lo que, a todas luces, sería saltarse la institucionalidad del país, dándose él mismo un autogolpe de estado, con el fin de quedarse indefinidamente en el poder, tal y como hizo Maduro en 2017 en el vecino país. Las discusiones de quién será el jefe de la oposición que enfrentará a Petro no nos llevarán a nada, salvo a perder lo que hemos logrado después de años de democracia; nadie va a venir a impedir que el gobierno y sus compinches violen la ley, somos nosotros los ciudadanos quienes debemos defender y hacer respetar la institucionalidad, todos en conjunto, aunando esfuerzos, del lado de la constitución y las leyes, haciéndonos responsables de nuestros actos. Pendientes debemos estar del proceso de pérdida de investidura por violación de topes de campaña que cursa en la CNE, y que debe ir a la Comisión de Acusaciones de la cámara; a propósito, ¿ya habrán recusado a los miembros del pacto histórico que la integran? Ya que no pueden ser juez y parte. Todavía podemos actuar, todavía podemos exigir a los congresistas que están a la altura del momento que vivimos, todavía podemos defender la democracia que nos queda, antes de que tengamos que lamentar lo que no supimos preservar.