
El mesianismo no es un programa de un candidato presidencial

El término mesiánico hace relación a una conducta de tendencia religiosa o moral. Ha resurgido en el debate presidencial colombiano a raíz del fenómeno de la corrupción generalizada como programa de gobierno de casi todos los candidatos presidenciales, a raíz de los graves hechos de corrupción que se han dado en este gobierno que hace cuatro años le prometió a los colombianos que desterraría este nefasto flagelo de la administración del Estado. Como se sabe, el remedio ha resultado peor que la enfermedad y cada día surge un nuevo escándalo.
El último escándalo acaba de ocurrir. La señora Angie Ramírez, exdirectora del Dapre por más de un año y alta funcionaria mano derecha del presidente, acusa a Juliana Guerrero y otras fichas cercanas al mandatario de un “concierto para delinquir” “para un saqueo de las arcas del Estado a través del Fondo de Adaptación”. Esta tal Juliana parece tener un inmenso poder dentro del equipo de gobierno y había sido nombrada viceministra de la Juventud, cargo que no ocupó porque los títulos universitarios que aportó eran falsos. Toda una apestosa estela de hechos que en el círculo más íntimo del ejecutivo se vienen dando. Ha destapado una olla podrida en la cual, según sus denuncias, a más del Depre iban tras los dineros del Fondo Colombia en Paz, que en conjunto dichas entidades manejan más de dos billones de pesos. Está bien que los candidatos a la presidencia (con la sola excepción del candidato del presidente, señor Iván Cepeda) denuncien estos hechos, pero la lucha contra la corrupción no puede ser el programa de gobierno que los candidatos le ofrezcan al país porque no puede ponerse el problema moral por encima de lo programático. Entre otras razones, porque sin necesidad de ofrecerlo, se supone que todos los gobiernos del mundo deben ser honestos. Lo que el electorado necesita es conocer de cada candidato un programa de gobierno coherente en lo económico, lo político y social; de cómo rescatar al país de la debacle del sistema de salud; cómo conseguir la paz perdida en manos del crimen, al cual se le entregó en un iluso proceso de paz; cómo desterrar el empleo informal; en fin, cómo reconstruir nuestra nación. Eso es lo que esperamos de cada candidato.