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Opinión

El maravilloso mensaje de diciembre

Valmiro Sobrino Oliveros
Valmiro Sobrino Oliveros
Columnista
16 de diciembre de 2022

Diciembre, mes del nacimiento de Jesús, celebra la unión familiar y la paz espiritual. Más allá de la fecha, es un tiempo de alegría, amor y renovación de esperanzas.

Por Valmiro Sobrino Oliveros Es el mes en la tradición cristiana del mundo occidental del nacimiento de Jesús de Nazaret. No obstante del enconado debate sobre la fecha de su nacimiento en razón de que ninguno de los evangelios establece una fecha segura de sus nacimiento, el cristianismo acepta el 25 de diciembre como una data que alegra el espíritu de los cristianos y convoca a todos los hombres y mujeres a la paz espiritual y al jolgorio por el nacimiento del salvador. "Yo nací un 13 de diciembre día de Santa Lucía y mi signo es sagitario. Mi tarot dice que sagitario es uno de los signos más brillantes y positivos del zodiaco. Las personas sagitario suelen ser de carácter fuerte, aventurero y emprendedor, con la mente abierta y siempre dispuestas a vivir experiencias diferentes…". Pero diciembre es algo más. Es el mes en el que las familias se reúnen y llegan de todas partes a la casa matriz a fundirse en un solo abrazo que no es solo un encuentro físico sino una maravillosa confusión de los espíritus como si todos al unísono hubiesen vuelto a la vida. Es amor; es paz; es alegría; es la reafirmación de que toda la familia realmente existe en nuestras almas; es un renacer de esperanzas y de sublimes sensaciones del espíritu. Las luces, las campanitas y el árbol navideño congregan a las familias a su alrededor, porque no es simplemente unas luces de colores como podría creerse en principio, sino que es una luz radiante de vida, de optimismo y de amor en presencia de Jesús como si este fuese el padre tutelar que congrega a sus hijos en un esotérico misterio que solamente ocurre en diciembre. Incluso muchos pueblos orientales prenden las luces de Navidad como ocurre en Filipinas, Japón y Singapur, entre muchos, reafirmando así, que nuestra cultura judeo-cristiana está cimentada sobre valores inestimables que debemos preservar como un patrimonio intangible que conforma los cimientos mismos de nuestra civilización porque ella, además, supera el ámbito de lo religioso y configura una cosmovisión de nuestros valores filosóficos, estéticos, de nuestra música, de nuestro arte, de nuestra ideología. Que la felicidad, la unión y el amor reine en todas las familias de Colombia y del mundo.