
El libro de la alegría

Dalai Lama y Desmond Tutu revelan el secreto de la felicidad duradera. Descubre cómo encontrar la alegría ante el sufrimiento, cultivando la compasión y la paz interior, esenciales para una vida plena.
Por Marta Sáenz Correa Tuve el privilegio que un amigo me recomendara la lectura de este libro, cuyos protagonistas son: Dalai Lama, líder espiritual del pueblo y del budismo tibetano; Desmond, Mpilo Tutu, arzobispo emérito de Sudáfrica; y Douglas Abrams, como coautor y editor del libro. Dos premios nobel de la paz se reúnen para enseñarnos el secreto de la felicidad: ¿Cómo podemos encontrar la alegría mientras afrontamos el inevitable sufrimiento de la vida? La felicidad duradera no reside en la búsqueda de un objetivo concreto ni de un logro en particular, tampoco se encuentra en la riqueza o en la fama; se halla tan solo en la mente y en el corazón. El destino, por oscuro que sea, no determina el futuro; cada día, en cada momento, somos capaces de crear y recrear nuestra vida, así como la calidad misma de la existencia como especie en el planeta. Este es el poder que poseemos. Los protagonistas son dos de los maestros espirituales más grandes de nuestro tiempo, que nos recuerdan que la alegría nos pertenece por derecho y que es aún más esencial que la felicidad. La principal fuente de felicidad está en nuestro interior; no en el dinero, ni en el poder, ni en el estatus social. El poder y el dinero no sirven para nada si lo que buscamos es paz interior. Los logros externos no traen consigo felicidad interna; debemos buscar en nuestro interior. Por desgracia somos nosotros mismos los que creamos esas condiciones que socavan la alegría y la felicidad; y se debe principalmente a las tendencias negativas de la mente, a la reactividad emocional o a nuestra incapacidad para apreciar y hacer uso de los recursos que tenemos en nuestro interior. La vida está repleta de frustraciones. Una mentalidad demasiado egocéntrica solo provoca sufrimiento. La compasión y el interés por el bienestar de los demás es una fuente de felicidad. Debemos cuidarnos sin ser egoístas, y practicar un egoísmo más sabio y menos estúpido. Cuidar del prójimo, ayudarle, es la mejor manera de descubrir la alegría en uno mismo y de llevar una existencia más feliz. El egoísmo estúpido solo te deja pensar en ti mismo, y no te preocupas por los demás, sino que los explotas. Finalmente nos enseñan: que cuando nos centramos en nosotros mismos, pensando en aquello que te hace bueno o malo, estamos condenados a la infelicidad. Mantén siempre una mente alegre; la alegría es el estado natural del ser humano, pero se trata de una habilidad que debemos practicar como una destreza más para potenciarla.