
El ikigai y la longevidad

Netflix revela los secretos de la longevidad en "Vivir 100 años: los secretos de las zonas azules". El documental explora lugares con centenarios activos, destacando dieta, actividad y propósito vital.
Por Pablo Rosselli Cock La expectativa de vida en hombres y mujeres ha aumentado gracias a los avances de la medicina. Ahora bien, una cosa es llegar a viejo, y otra, muy diferente, tener una vejez sana, productiva y placentera. De eso se trata una refrescante serie de Netflix llamada Vivir 100 años: los secretos de las zonas azules. En ella, el escritor Dan Buettner, sin mucho rigor científico, pero con curiosidad, recorre varios rincones del planeta en donde hay racimos de centenarios que se conservan sanos, sin sobrepeso, sin tomar medicamentos, sin Alzheimer, sin sillas de ruedas, sin una bala de oxígeno a cuestas, y con una sonrisa de oreja a oreja. Buettner las llama zonas azules (no confundir con las zonas de parqueo de este berenjenal llamado Bogotá). Encuentra en Okinawa (Japón), Cerdeña, (Italia) Icaria (Grecia), la península de Nicoya en Costa Rica y en Loma Linda, California, hombres y mujeres longevos y lúcidos que llevan una vida plena. En cada uno de estos lugares encuentra un elemento que podría explicar el bienestar de estos individuos que, dicho sea de paso, la pasan bomba. En Okinawa, por ejemplo, existe una cosa en común entre el grupo de longevos que se llama ikigai que, traducido al español, es sencillamente dar un propósito al día, una razón de vivir o lo que hace que la vida valga la pena ser vivida y que no necesariamente es trascendental. Ellos, tienen además un elemento que han perdido otras culturas y es el respeto y la veneración a los mayores y a los antepasados. Por sus costumbres prefieren sentarse en el piso y el hecho de incorporarse a la posición de pies varias veces en el día los obliga a tener buenos músculos anti gravitatorios que evitan las caídas, una de las principales causas de muerte en las personas mayores en el mundo. Además, practican el Hara hachi bu, que significa comer hasta sentir una saciedad del 80%. En Cerdeña, lo empinado de su geografía y la necesidad de subir y bajar escaleras todos los días, hace que haya una mejor salud cardiovascular sin hacer uso de una elíptica o una caminadora. En Icaria, una isla, los pobladores son risueños, rumberos, les gusta el vino y gozan de un clima y una dieta mediterránea abundante en vegetales y libre de preservantes. En la península de Nicoya, un hombre de 100 años de piel lozana y aspecto juvenil se sube a un caballo y monta mejor que Simón Bolívar en sus buenos tiempos. La fórmula para esa vitalidad es, según él, tener un "plan de vida", que en su caso es la ganadería, o como los japoneses, un ikigai . El documental muestra en Loma Linda, una comunidad de adventistas que supera en expectativa de vida y bienestar al resto de la población estadounidense. La clave, para ellos, es creer en algo, formar comunidades que los obliga a hacer ejercicio, comer sanamente y participar en voluntariados. Finalmente, destaca a Singapur en donde las políticas públicas están enfocadas al bienestar de los mayores. En esta ciudad estado del sudeste asiático adecúan sitios públicos para ejercitarse y dan incentivos económicos a los hijos para que vivan cerca de sus padres y abuelos y así eludir los hogares geriátricos que muchas veces no son el sitio ideal para pasar el ocaso de la vida. Todas las zonas azules tienen en común una dieta saludable rica en vegetales, actividad física natural y rutinaria, y tener un objetivo diario. Si aún no sabe cuál es su ikigai, échele cabeza pues de él pueden depender años de gozo y bienestar. Creo saber cuál es el mío.