
El hombre lobo

Hace algún tiempo, el periodista italiano Pino Aprile publicó Elogio del imbécil, un ensayo cuya tesis central es más o menos la siguiente: La gran paradoja del mundo actual consiste en que, a pesar de los enormes avances científicos y tecnológicos, el ser humano piensa cada vez más estúpidamente, y no solo eso, sino que a mayor estupidez parece que se adquiere una mayor relevancia. (Allí puede estar la explicación a la idiotez que carcome el cerebro de quienes se dejan obnubilar por la demagogia y el populismo, y hacen de ello, colmados de delirios mesiánicos, una forma de la esperanza. La razón y la evidencia descarnadas no los conmueve, ellos necesitan vivir de espejismos y promesas vanas, para así justificar el embrujo al que los someten charlatanes y manipuladores).
Ahora tomaron fuerza los Therians, quienes se perciben como animales, asumiendo sus características morfológicas. Pero eso no es nuevo. Hace más de cien años, cuando no se había descubierto la molécula de ADN, Frank Hamel, el seudónimo de una mujer, publicó Animales humanos, una obra que contiene una infinidad de historias sobre personas que se identificaron como tales. Una vez más, como está visto, no hay nada nuevo bajo el sol. Aparte de las tonterías llevadas al plano de lo original y disruptivo, aquí hay algo de mayor calado que bien vale la pena examinar. En un número reciente de la revista Neuroscience and Biobehavioral Reviews, un par de psiquiatras holandeses, Jan D. Blom y Brian Sharpless, hacen una revisión sistemática acerca de la teriantropía clínica y plantean una conceptualización del zoomorfismo dentro de un espectro diagnóstico válido. Ellos revisaron 77 casos publicados y hallaron 68% de pacientes autoidentificados como caninos. Los varones padecieron el delirio monotemático más temprano que las mujeres, y dentro de los dictámenes psiquiátricos, incluyendo ambos sexos, encontraron: trastornos psicóticos (41%), depresión (24%), enfermedad bipolar (18%), síndrome de Cotard, en el que el enfermo se cree muerto y putrefacto (12%), y uso de violencia física (16%). Todo indica que, en este tema, algunos lo hacen por esnobismo y otros, desafortunadamente, por un trastorno mental susceptible de análisis. Para mayor ilustración, les recomiendo que busquen en Google la pintura de Petrus Gonsalvus (1537-1618), quien padecía de hipertricosis, para que vean al hombre lobo de verdad y recuerden que, desde siempre, la realidad supera a la ficción. *Decano, FCS, Unisinú -EBZ-.