
El holocausto: 40 años de impunidad

La injuria contra la justicia colombiana no se ha resarcido. El 6 de noviembre de 1985, a las 11:00 a. m., un grupo de 40 delincuentes del movimiento M-19 irrumpieron a sangre y fuego en el Palacio de Justicia en pleno centro de Bogotá. Nilson Pinilla, integrante de la Comisión de la Verdad y exmagistrado de la Corte Constitucional, dijo que "Pablo escobar entregó dos millones de dólares y le entregó las armas a Iván Marino Ospina, jefe del movimiento M-19" para llevar a cabo la toma del Palacio.
Los objetivos de la operación eran someter al presidente Belisario Betancur a un juicio político y la destrucción de los expedientes que procesaban a narcotraficantes con fines de extradición. "Se estima que unos 6.000 expedientes relacionados con la extradición, incluyendo procesos contra militares por violaciones a los derechos humanos, se perdieron en el incendio resultante…, los narcos se vieron beneficiados por la acción del M-19", explica la Comisión de la Verdad. En la "operación" resultaron asesinados 11 eminentísimos magistrados de la Corte Suprema tomados como carne de cañón y 84 personas más entre otros funcionarios de la rama judicial, guerrilleros y civiles que los facinerosos tomaron como escudos ante la arremetida de la fuerza pública, en una violación flagrante de las leyes de la guerra pactados en los convenios de Ginebra de 1949 y sus protocolos adicionales de 1977. Además, hubo 11 rescatados vivos que "desaparecieron". No ha habido ni verdad ni reparación. No ha habido tampoco un juicio político y jurídico contra los culpables, no obstante que dichos delitos por ser de lesa humanidad son imprescriptibles, como lo establece la Convención de las Naciones Unidas de 1968 y la CPI. El presidente de la Corte Constitucional, Magistrado Jorge Enrique Ibáñez, dijo en la conmemoración de los 40 años que fue un "acto demencial y terrorista" y, es precisamente este elevado concepto, el que nos acerca a solicitar que se reabra el proceso y se juzgue como lo que fueron. Ese juicio es esencial para reivindicar la verdad, la reparación, el perdón y la reconciliación. Mientras esas heridas sigan abiertas, no habrá paz, porque esta no se logra pintando palomitas ni con discursos rimbombantes, sino con hechos concretos que superen esa ignominia contra nuestro sistema de justicia.