
El genio de Río de Oro

Teto Ocampo, un gigante de la música colombiana, ha fallecido. Su legado perdura en canciones icónicas y en su invaluable contribución cultural. Su voz, un canto eterno.
Por Ensuncho de la Bárcena Teto Ocampo acaba de morir. Y es un grande. No solo como artista, porque hay pruebas sonoras y cinematográficas que lo confirman. Lo es por la dulce sabiduría que irradia, el respeto y el amor que inspira, la humildad y nobleza con la que vive. Porque su voz es música, como el canto de un pájaro. La primera vez que lo vimos fue a mediados de los 90, flaco, de cabello lacio y largo, tocando su guitarra en el video de "La tierra del olvido". La perfecta interpretación para una cumbia inmortal que pasará de padres a hijos y nietos, por su sencillez poética. El disco completo de 11 canciones es el más influyente de nuestra música desde los tiempos de Lucho Bermúdez, sobre todo para los que nacimos en el último cuarto del siglo pasado. Recordemos que el disco con el que Carlos Vives despuntó con una estética propia fue fruto del encuentro del cantautor samario con Teto Ocampo, Richard Blair, Luis Ángel "El Papa" Pastor e Iván Benavides. Y que el genio de Río de Oro, Ernesto Ocampo, es el coautor de "Pa Mayté", "Agua", y mi amada "Jam en Jukümey" que, sin duda, es una pieza grabada desde la eternidad. Luego de participar en los dos primeros discos de "La Provincia", Teto Ocampo e Iván Benavides decidieron crear el "Bloque de Búsqueda" de la música colombiana, legendaria agrupación que también contó con la presencia de Mayté Montero, Carlos Iván Medina, Luis Ángel Pastor, Pablo Bernal, Gilbert Martínez, entre otros. La banda se disolvió a finales de siglo después de una gira por los Estados Unidos. Teto quiso emprender su viaje iniciático. Su propio camino. Se metió en las profundidades del pensamiento y la sensibilidad. Se dio cuenta de algo triste: nuestras músicas indígenas son la verdadera tierra del olvido. Y decidió explorar, caminar, navegar, mambear, poporear, pensar bonito. Quisieron los mayores que creara "Mucho Indio", una agrupación que celebra, dignifica y enaltece nuestras exquisitas sonoridades ancestrales. Teto descubrió nuestro santo grial, nuestra esencia medieval. Y de allí no quiso salir. Se instaló en la lucidez, en la trascendencia sonora que dialoga con el más remoto futuro y el pasado más deseado. Dejó ser al chamán y se entregó a la vida, que es la mejor forma de entregarse a la muerte. Nunca olvidaremos todo lo bello que hizo desde La Música. En lo personal, esos encuentros fortuitos en La Candelaria y en Womad. Las noches de Mucho Indio, en especial en la que compartimos ayo. Vas a hacer mucha falta, Tetico. Ve con Dios. ¡Vuela Altísimo!