
El fin de las peleas de gallos

Sábados y domingos en la gallera se escuchan golpes en la valla y gritos de alegría, pero también de lamentos. Un gallo chino y un gallo giro se matan a pico y espuela. Voy a mi gallo, gritan de un lado. ¿Cuanto? preguntan del otro y sin necesidad de entregar dinero se hace a distancia la apuesta que se sella con la voz de “pago”, porque si hay una cosa que tenga valor en la cultura popular es la palabra de gallero.
Es un ritual para aquellos que sienten las peleas de gallos como una religión, para los que dedican muchas horas de su día a día a una afición que hace décadas y décadas está incrustada en el alma de muchos pueblos. El cuido, los entrenamientos, el correteo y otra cantidad de actividades mantienen ocupados a miles de paisanos que gozan, ya no solo con la emoción que puede producirles ver en directo un enfrentamiento entre dos gallos finos, sino también del cuidado y preparación de los ejemplares de la cuerda. No voy a defender lo que ocurre en ese ruedo de madera en el que dos animales se enfrentan a muerte. Pero es una tradición que tiene muchos adeptos en nuestros pueblos y hace parte de nuestra cultura, nos guste o no. Creo que los días de las peleas de gallo en la legalidad están contadas. Sin embargo, hay una luz de esperanza para los galleros y es la ley que rige en la comunidad autónoma de Andalucía en España. Es la Ley 11/2003 de 24 de noviembre de Protección de los Animales, en su artículo 4 y la Resolución de 3 de diciembre de 2004 excepcionan esta actividad, señalando que quedan prohibidas “..las peleas de gallos, salvo aquellas de selección de cría para la mejora de la raza y su exportación realizadas en criaderos y locales debidamente autorizados con la sola y única asistencia de sus socios”. Es decir que las peleas se continúan realizando para perpetuar la existencia de la raza. Aquí hay trabajo para los futuros congresistas, a ver si de alguna manera pueden conseguir una regulación que no acabe del todo con una tradición que según algunos estudios nació hace 2500 años en China, y que aun continua viva en Córdoba. De momento a las peleas de gallos le quedan poco menos de dos años.