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Opinión

El eterno retorno

Ensuncho De La Bárcena
Ensuncho De La Bárcena
Columnista
14 de abril de 2023

La poesía, compañera ancestral, nació con el hombre. Un viaje a través de la naturaleza y los sueños reveló su misterio. El lenguaje, un salto cuántico.

Por Ensuncho De La Bárcena No se sabe con exactitud en qué momento preciso el humano inventó la poesía, pero nos acompaña desde la noche de los tiempos. Imaginemos que un hombre antiguo se dio cuenta, al amanecer, que podía comunicarse con las aves, aladas portadoras del mensaje. Sintió en la piel que los árboles le hablaban al saberse abrazados y le transmitían el ritmo de su propia sangre. Escuchó el sonido de los cuadrúpedos que querían ser cazados y se animó a ir tras ellos en la sabana. Olfateó en el aire sin fin del mar un lugar al que se sabía convocado. Lamió en el salitre un misterio que lo impulsaba a encontrarla. Y así fue, atravesando los días, los años y los siglos. Buscando sin encontrar y hallando ando sin buscar. Se aventuró en el laberinto de los sueños, a bordo de embarcaciones sin brújula. Arribó a puertos en los que lo esperaba lo desconocido. Montó en bestias a través de bosques florecidos que le pedían ser cantados. Caminó en el silencio a orillas de ríos y ciénagas inescrutables. Halló en las nubes las señales que le explicaban su efímera existencia sobre la tierra. Las estrellas le servían de faro. La lluvia le enseñó que todo lo que sube, aguarda sin reparo la caída. En los frutos descubrió que la semilla encierra el secreto de lo que aún no podemos ver, por ello es necesario abrir surcos en la tierra. Se atrevió a rozar el filo de los acantilados. Con la primera lágrima que rodó por su piel entendió que la belleza anida en el océano y que su verdadera casa era el universo. No hay posesión más valiosa. Subió a la cima de la montaña para darse cuenta de que, mientras más alto llegaba, todo se hacía pequeño. En la miel de las hojas vio su reflejo y supo que su descendencia encontraría senderos vedados para él. Detalló en el diseño de sus pies que el vacío es el que hace posible el viaje de vuelta al Paraíso. Una vez enterado de casi todo, juntó sus labios de una manera nueva y emitió un sonido que imitaba el canto de las primeras aves. Silbar le hizo dueño de la selva. Solo hasta entonces encontró a la vera a otro ser parecido a él, pero con una herida en mitad de las piernas. Comprendió que estaba solo y desnudo. Se detuvo a contemplarla, sonriendo. Ella detalló su pluma. En aquel momento tuvo una revelación: era mudo. Su lengua dio un salto cuántico. Despertó de su letargo de siglos para poder tocar el corazón de Eva.