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Opinión

El espejo deliberativo ¿Cipayismo o mandato democrático?

Carlos Rodríguez Santos
Carlos Rodríguez Santos
Columnista
13 de junio de 2026

La segunda vuelta presidencial de 2026 sitúa a Colombia ante dos agendas, aunque provienen de espectros ideológicos opuestos, pues los programas de Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda son totalmente diferentes y es lo que hace que la ciudadanía esté polarizada, evidenciándose que no es Petro como persona el que polarizó al país, sino un choque profundo entre dos visiones de país que resultan irreconciliables para sus respectivos electorados y que el pueblo ambas ya las experimentó, justamente, con el gobierno del presidente Petro.

Durante años, la narrativa política se ha simplificado bajo una premisa cómoda pero inexacta, de que la polarización del país es el resultado exclusivo del carácter de un caudillo o de la terquedad de un mandatario de turno. Sin embargo, de cara al cuatrienio de Petro, estas elecciones y, especialmente, la segunda vuelta presidencial de 2026, el panorama electoral desmiente esa teoría, dado que está claro que la pelea no es de votos, sino "cultural". Por un lado, la agenda del candidato que se autodenomina 'El Tigre' encarna una visión de derecha radical que prioriza el nacionalismo esteticista y un orden casi marcial; de modo que no podía quedarse solo en el metrosexualismo, porque eso lo alejaría del votante de a pie, sino que era necesario que vieran a un hombre multimillonario y famoso por sus lujos bajarse de una camioneta blindada, vistiendo la camiseta de la Selección y ondeando la bandera, utilizando la palabra "Firme por la Patria" y tarimas protegidas con vidrios blindados como el "Altar de la Patria", pues genera un impacto visual potente. Por el otro, Cepeda abandera con decencia y mucha calma, un modelo de bienestar común, basado en la intervención del Estado en la economía, la continuidad de las reformas sociales y la salida negociada a los conflictos armados bajo el enfoque de los derechos humanos. En efecto, Colombia no está dividida por simpatías superficiales, sino culturalmente por preguntas fundamentales sobre su futuro: ¿Tras la postura del pragmatismo inteligente a que alude el "tigre de salón", no esconde rasgos de "cipayismo"? ¿Qué, históricamente, ha hecho daño a nuestra soberanía? ¿La propuesta de Cepeda no es una vía democrática que ofrece una transición sostenible, sensata y con rostro humano para Colombia? Se las dejo allí.