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Opinión

El doble racero de la promiscuidad

Olga Leonor Hernández Bustamante
Olga Leonor Hernández Bustamante
Columnista
14 de noviembre de 2023

La herencia religiosa perpetúa estigmas sobre la sexualidad femenina, contrastando con la libertad masculina. Esta doble moral condena a la mujer y exalta al hombre, perpetuando la desigualdad.

Por Omaira L Henríquez M. Debemos ello, en gran medida a la herencia de una educación que aún conserva un fuerte contenido religioso. Se predica en nuestra sociedad que la mujer ha de conservar su virtud para aquel hombre que la ame de verdad, reservar su cuerpo y su sexualidad para aquel que pueda demostrarle su valor. Es una realidad que las mujeres muy poco hablan de sexo en público, muy poco con sus amigas, el terreno de lo experimental queda relegado a lo íntimo, puertas cerradas. Mientras tanto, el deseo masculino es anunciado a viva voz, ellos, en gran medida se enorgullecen y hablan abiertamente, presumiendo sin miedo de los avances sexuales que han conquistado con la chica de turno. Enarbolando la sexualidad como signo de virilidad, triunfo y éxito; mientras que para las mujeres ese mismo despertar causa culpa y confusión. En muchas más ocasiones de las que quisiera mencionar los méritos de una mujer son analizados tomando como punto de partida las experiencias amorosas y sexuales que esta haya tenido, por este motivo la narrativa social que se ha construido resulta ser << no se respeta a sí misma>> ya que se entiende que con sus actos está quebrantando las reglas de la moralidad y eso la convierte en una mujer indecente e indecorosa. E incluso vayamos mucho más allá: aquella que está haciendo algo impúdico no está haciendo únicamente algo malo, sino que ella en su conjunto se convierte en un estándar de lo vulgar, lo incorrecto. Juzgando así, su alma, su ser y no sus actos. Por su parte al hombre la promiscuidad se le critica desde el raciocinio, nunca desde la moralidad. Ellos son mujeriegos, casanovas, un don Juan, pero nadie llegará a pensar que su esencia ha cambiado, no se cuestiona su espíritu, sino su mente diciéndoles: << ya va siendo hora de sentar cabeza >> y, por muy mal que hagan las cosas, siempre podrán alcanzar una redención. Ellas no tienen esta posibilidad, en cuanto que han transmutado su naturaleza a través de la lujuria. Una vez estás usada, no hay vuelta atrás. No existe la salvación ya que todos quieren una llave que abre muchas puertas, pero a nadie le interesa una cerradura que abre con cualquier llave, esto último para resumirles el sesgo de género tan marcado que se da en nuestras sociedades frente a lo que debería ser la libre sexualidad entre hombres y mujeres. ¿Por qué entonces se tejen tantos estigmas, estándares y tabúes frente a la naturaleza sexual de las mujeres? y por otro extremo se predica que somos iguales los unos con los otros. Creería que ya va siendo hora a que nos detengamos a reflexionar y empezar a deconstruir este imaginario colectivo que tanto daño ha causado al género femenino.