
El diciembre de los líderes

Las elecciones regionales abren el telón: inscripciones y precandidaturas en juego. Un período de negociaciones donde el voto se convierte en moneda de cambio, con promesas y acuerdos económicos.
Por José Armando Benítez Tuirán Ya están aquí las elecciones regionales. Se inició el período para las inscripciones de los candidatos y comienzan a desbaratarse algunas precandidaturas, mientras otras se fortalecen y se oficializan. Algunas desarmadas las reinventan, buscando un contentillo para el pupilo. En fin, las decepciones de muchos precandidatos, son la alegría de unos pocos ungidos como candidatos. Son momentos donde los ya candidatos, no buscan tanto sumar el voto a voto de los electores, sino que se centran en multiplicar. Es decir, en conseguir apoyos de los precandidatos que hayan desistido y también de concejales, exconcejales, exalcaldes, casas políticas, líderes o cualquiera que represente una cantidad importante de votos. Se dice que ese es un primer y gran paso para conseguir la victoria, rodearse de los dinamizadores de la política local, aquellos que usan sus habilidades sociales para influir sobre las decisiones políticas de los demás, osea, aquellos que tienen votos o al menos dicen tenerlos. Es terrible como el votante común y corriente, el ciudadano de a pie, a quien no le interesa la política y que no participa más allá de depositar el sufragio en la urna el día de las elecciones, se deja utilizar, se deja contar como ganado, para que otro, más vivo, en su nombre haga negocios por su voto. Más o menos, en eso consisten los mal llamados liderazgos políticos en nuestros pueblos, en gente que se dedica a conquistar adhesiones y a llevarlas hasta los candidatos para negociar con ellos. Estamos entonces en el momento álgido de los llamados pases. Que no son más que los arreglos económicos, a través de los cuales se juran lealtades electorales. Algunos se sellan con un abrazo y un choque de manos, otros más complicados y oscuros, con letras o pagarés en blanco. Algunos se desembolsan en el instante, otros son pactados a futuro y todos, todos, tienen el componente de estar negociando el botín electoral que será pagado con el erario público. Quién paga para llegar al poder tiene que robar para recuperar la inversión. Eso no es un secreto y todo mundo es consciente de ello, sin embargo, es tan común, que nos parece normal. Parece no importar la calidad del candidato, todo parece reducirse a si tiene la plata o no tiene la plata para llegar. Mientras tanto los líderes se hacen su diciembre en julio. Venden los votos de otros y se los pagan con el dinero de todos.