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Opinión

El chisme laboral

Carlos Rodríguez Santos
Carlos Rodríguez Santos
Columnista
24 de febrero de 2024

El chisme, práctica sociocultural dañina, atenta contra la dignidad y el buen nombre. Impulsado por inseguridades, el chismoso es peligroso para la convivencia, especialmente en el ámbito laboral.

Por Carlos Rodríguez Santos La dignidad y el buen nombre está garantizado como el derecho de todos de que nos conozcan por nuestra personalidad (modo de pensar, hablar, obrar y omitir) y nuestros propios actos humanos (pensamientos, palabras, obras y omisiones); por ello, el chisme constituye una práctica sociocultural aberrante, porque los participantes aluden a terceros ausentes, retoman algunos de sus actos y expresan algún comentario para dañarlo. Según la psicología, las personas que hablan a espaldas haciendo comentarios negativos, solo demuestran su propia inseguridad y falta de confianza, causado por la envidia o resentimiento u odio ante sus limitaciones o experiencias negativas durante su infancia, especialmente en un país clasista y racista como el nuestro, en el que el resentimiento contra la persona culta, indiscutiblemente, constituye una de sus consecuencias. El chismoso, entonces, es un peligro para la convivencia social, como quiera que en última indispone de alguna manera a un tercero con la víctima y, por tanto, se requerirá que este tercero debe gozar de una salud mental que le impida cometer una injusticia y/o una traición, ante el chisme recibido. Siendo el trabajo el segundo espacio cotidiano del hombre como ser social, por lo menos, el derecho laboral enseña, entre otras técnicas, mantener una política institucional de puertas abiertas y concretar las funciones individuales que permitan proporcionar información clara y franca, pues, con estas técnicas se deja al descubierto el chisme laboral, incluyendo la traición, cobardía e injusticia del jefe chismoso, egocéntrico y resentido, que se deja influenciar de las adulaciones del trabajador envidioso o trabajadores conspiradores; no obstante, hay la necesidad que el chisme laboral sea tratado mediante política pública de salud mental, pues, ¡imagínense un jefe chismoso, egocéntrico y resentido, que es adulado mediante chisme para indisponerlo con uno de sus trabajadores por razones de envidia! ¿Se lo imaginan? Con razón, el Pontífice Francisco ha dicho: "… es preferible una injuria directa, un insulto de frente, así haya trompada de por medio, pues, el otro puede defenderse y salvar su honra. El chisme es traicionero. Sobre todo, cobarde. … El chisme alcanza el grado de terrorismo porque implica convocar a una o varias personas para que escuchen el infundio y lo divulguen…". Se las dejo allí.