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Opinión

El chisme es terrorismo

Carlos Rodríguez Santos
Carlos Rodríguez Santos
Columnista
25 de noviembre de 2023

La Constitución protege la dignidad y el buen nombre. El chisme, práctica dañina, no tiene cabida legal. Expertos analizan sus efectos psicológicos y jurídicos, así como estrategias para combatirlo.

Por Carlos Rodríguez Santos Nuestra Constitución se ha ocupado de rodear de garantías a la dignidad y al buen nombre de las personas, así el buen nombre está garantizado como el derecho de todos de que nos conozcan por nuestra personalidad (modo de pensar, hablar, obrar y omitir) y nuestros propios actos humanos (pensamientos, palabras, obras y omisiones) y no por las opiniones inventadas por un tercero y, por ello, el chisme no tiene cabida en el Derecho colombiano. El chisme constituye una práctica sociocultural aberrante, en la que los participantes aluden a terceros ausentes, retoman algunas de sus actitudes y expresan algún comentario para dañarlo y, según psiquiatras, psicólogos e investigadores, las personas que hablan a espaldas haciendo comentarios negativos, solo demuestran su propia inseguridad y falta de confianza y en cuanto a la víctima -dice la ciencia, puede sufrir depresión, baja autoestima, desequilibrios físicos y emocionales, incluso, inclinaciones al suicidio. Por ello, la ciencia jurídica regula el chisme bajo la categoría de injuria y calumnia, tipificándolos como delitos que atentan contra la honra, para así poder rehabilitar y resocializar al chismoso como pena impuesta por el juez penal; como si fuera poco, la ciencia jurídica para desvirtuar la "presunción de inocencia" regula el "testimonio de oída" como insuficiente, inserio, no creíble; precisamente, porque no relata un hecho, sino informa sobre algo que oyó, pues, no presenció el desarrollo de los sucesos y, por ende, no existe veracidad alguna. Inclusive, el derecho laboral y la administración de personal enseña técnicas para controlar el chisme en el trabajo, entre otras, mantener una política institucional de puertas abiertas y concretar las funciones individuales que permita proporcionar información clara y franca, pues, nadie está exento del chisme laboral ni puede evitarlo, pero se deja al descubierto. El chisme constituye una práctica sociocultural aberrante. Con razón, el Pontífice Francisco ha dicho: "… es preferible una injuria directa, un insulto de frente, así haya trompada de por medio, pues, el otro puede defenderse y salvar su honra. El chisme es artero, traicionero. Sobre todo, cobarde. No da la oportunidad de defensa al ofendido. El chisme alcanza el grado de terrorismo porque implica convocar a una o varias personas para que escuchen el infundio y lo divulguen …". Se las dejo allí.