
El cerebro adicto

La adicción, enfermedad cerebral crónica, destruye familias y personalidades. Un círculo vicioso de recaídas, deterioro y graves secuelas físicas y mentales.
Por Remberto Burgos de la E. Cuando se habla de adicción hay que oír a las familias del adicto. Se muestran tensas, estresadas, inquebrantables preocupaciones y estigmatización. Aparecen sentimientos de fracaso y desesperanza. El adicto se lleva por delante la unidad familiar, es inestable y solo encuentra consuelo en el apuro de la ingesta de la droga. Su cerebro busca algo que lo aleje de la obsesión tóxica y no lo encuentra: recae y sigue el círculo de la adicción deteriorando más aún su personalidad y sus relaciones con el entorno. El latín precisa el término addictus, a una enfermedad crónica recurrente del cerebro. Hay una incapacidad para controlar el consumo, deseo imperioso de tenerla cerca, a la mano y, una respuesta emocional anormal. Las relaciones interpersonales no existen y solo la disponibilidad del tóxico es quien las organiza inicialmente. No existe una relación sana con el entorno y el adicto se vuelve un agresor contra el medio. Se clasifica como una enfermedad del cerebro: las sustancias psicoactivas y los tóxicos producen alteraciones estructurales en ciertas áreas del cerebro y alteran su funcionamiento. El circuito de recompensa vulnerable y lábil cambia la estructura y fisiología de la corteza prefrontal. Este es el asiento de las decisiones reposadas, del juicio y de la disciplina del comportamiento. Diferente de los comportamientos consumistas la adicción es una dependencia con graves secuelas físicas y mentales. El adicto no controla su adicción: vive en función de ella y esta es el eje y condicionante de su vida. El consumo, la conducta recurrente y la incapacidad de controlarlo. Qué difícil su tratamiento: el 80% de los adictos caen nuevamente antes de completar los dos años de tratamiento. Llevan consigo una serie de enfermedades asociadas: dolencias cardiacas y pulmonares, cáncer, salud mental como depresión y ansiedad, las infecciones lo colonizan muy rápido y señalamos VIH y Hepatitis C. Estado de ánimo triste, irritabilidad, deterioro de la calidad de vida, ansiedad, insomnio y en algunos enfermos sentimientos de culpabilidad. Las causas del desorden adictivo son múltiples y empiezan desde la infancia, los castigos innecesarios, la ausencia de diálogo y no crecer paralelo con el niño para que en la adolescencia -la fase de mayor peligro- no entre en contacto con estas sustancias. Es un ser solitario. Complejo el tratamiento de un adicto y especialmente en el mediano plazo. Muchas veces detectamos que ha vuelto a la adicción y las manifestaciones lo permiten anticipar. Diptongo: 531.000 personas con abuso o dependencia, el 21%. (Unodc y Secretaría Distrital de Salud). ¡Comportamiento pernicioso!