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Opinión

El capo innombrable

Fernando Negrete Montes
Fernando Negrete Montes
Columnista
6 de diciembre de 2023

Hace 30 años, la muerte de un capo sembró el terror en Colombia. El narcotráfico, la corrupción y el miedo marcaron una época que aún hoy lamentamos.

Por Fernado Quiroz He recordado con consternación aquellos años en los que el terror se apoderó de nosotros. De un país acorralado por el narcotráfico. De un país amenazado por un capo –de cuya muerte se cumplen 30 años– que sembró el miedo y cambió para siempre el rumbo de Colombia: que promovió un negocio –por supuesto ilícito– que les ha costado la vida a millones de personas, que constituye un atentado para la salud, que ha significado la destrucción de muchas familias, que contamina todo lo que toca, que promueve una red de corrupción a todos los niveles, que fomentó la consigna del dinero fácil, que convirtió el asesinato en una manera de solucionar los problemas y de callar a los contradictores, que ha sido un atentado contra la estética, que le inyectó –y le sigue inyectando– dinero sucio a la política, que permeó la justicia, que les dejó a tantos jóvenes la idea de que el dinero lo puede todo... Sí, he recordado aquella época con consternación y tristeza. La tristeza de saber que las buenas costumbres de este país de gente emprendedora, sana y trabajadora se echaron a perder por causa de esa peste llamada narcotráfico; por cuenta de ese hombre de ingrata recordación que puso en jaque a una nación; la tristeza de saber que nos fuimos convirtiendo en unos parias y en unos sospechosos, que nos fueron cerrando las puertas de muchos lugares por el hecho de llevar un pasaporte con el nombre de Colombia. Fue tanto el daño que nos hizo que resulta doloroso que hoy su imagen se ofrezca como souvenir. He sentido una presión en el pecho al recordar el miedo con el que salíamos a las calles en aquellos días en los que explotaban las bombas a cualquier hora y en cualquier lugar: en centros comerciales atestados de gente, en clubes en donde se habían reunido las familias, en frente de edificios de oficinas, en una calle residencial... Fue tanto el daño que nos hizo aquel capo que se alió con gente de la peor índole, que sobornó y corrompió gente de bien, que dejó la idea de que cualquiera tiene un precio –aunque no sea así–, que financió a algunos poderosos para que accedieran a las más altas esferas del poder... Fue tanto el daño que nos hizo que resulta doloroso que hoy su imagen se ofrezca como souvenir en forma de camiseta, de llavero o de afiche, como las figuras gordas de Botero o el Sagrado Corazón, y que tanta gente le rinda culto como si acaso no se tratara del hombre que más daño le ha hecho a Colombia.