
El camino de la educación

La Corte Constitucional definió como inversión social, el gasto público en educación porque tiene las características de la inversión productiva que crea valor a través del trabajo y recibe un beneficio en los ciclos de realización del producto; en este caso, la inversión es el gasto incurrido en la formación de una persona pasando por las etapas de su vida estudiantil, hasta que se vincule al mercado de trabajo para devolver o pagar, lo invertido en su preparación.
Desde luego que esta inversión es diferente de la normal del mundo de los negocios porque se está actuando sobre seres humanos y no sobre mercancías, aunque con el desarrollo tecnológico y la puesta en el mercado de sofisticadas técnicas de comunicación y acceso al conocimiento, se está pasando a un mundo que clama igualdad de derechos no solo para los animales y vegetales, vivos, sino para los llamados inanimados que las ciencias clasificaban como inertes y pasaban por encima de ellas, llegando a cuestionarse los atributos de aquella. Este punto es importante clarificarlo por cuanto desde la perspectiva de la sobrevivencia, esta se da en la medida que haya un equilibrio entre las diferentes especies para no acabarse una con la otra por la interdependencia entre ellas, en razón a la necesidad de un entorno para vivir y obtener los medios que cada día los cuerpos requieren, que actúa como estímulo o motor para que los seres busquen su alimento y mejores condiciones de vida. Estas condiciones las facilita el estudio y por eso, los mayores presupuestos públicos se destinan a educación aunque no basta hacer esas inversiones, sin una organización de las unidades educativas que integren sus componentes para que las coberturas en todos los niveles, se acerquen al grueso de la población en edad escolar, que actúen como dinamizadores de los procesos que la sociedad requiere para que estudiar sea la mejor alternativa para el desarrollo y la realización personal y ayudar al conjunto de lo existente. En este sentido, al riesgo actual de tener una matrícula en descenso por efecto de la caída en la tasa de natalidad, asunto que puede hacer crisis en unos 20 o 30 años cuando la mayor parte de la población esté retirada del servicio activo, se suma la baja cobertura en educación superior y el desenfoque que ofrece esta frente a las demandas del aparato productivo y las necesidades de un conocimiento transformador. Así las cosas, procede una administración pública, un sector privado, una academia y una sociedad que, en alianza público-privada, trascienda sus miradas estrechas y desate, realmente, un proceso educativo para llevar este país y el departamento a otro estado, porque lo actual avanza muy lento y con un lastre de insatisfacciones y violencia que pone en entredicho la educación como el verdadero camino del cambio.