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Opinión

El billete con la imagen de Nicolás Gómez Dávila

Pablo Villadiego
Pablo Villadiego
Columnista
2 de septiembre de 2023

Nicolás Gómez Dávila, pensador colombiano autodidacta, criticó la modernidad con aforismos mordaces. Su obra, "Escolios a un texto implícito", ofrece reflexiones sobre la sociedad, la política y la condición humana.

Por Pablo Rosselli Cock "Le basta al gobernante actual proclamarse de izquierda para que todo le sea permitido y todo le sea perdonado"; "el pueblo no elige al que lo cura, sino al que lo droga"; "el vulgo admira más lo confuso que lo complejo", rezan algunos de los escolios de Nicolás Gómez Dávila (1913-1994). Fue uno de los pensadores más brillantes de la filosofía occidental y un autodidacta que tuvo por profesora a una biblioteca con más de 30,000 volúmenes, entre ellos varios incunables. Gómez Dávila se definía a sí mismo como un "reaccionario auténtico" que se oponía a las trampas, a las tentaciones y a las falacias de la modernidad y la democracia, así como a la estupidez de los que se autodenominan "intelectuales". Leer su prosa escueta y elegante es una delicia. Gómez Dávila era como el niño brillante del salón que, sentado en su pupitre en la última fila, murmura frases demoledoras y trascendentales sin que le interese que los demás lo escuchen, ni siquiera el profesor. En efecto, durante su vida no mostró la intención de publicar su obra que salió a la luz en editoriales de organismos públicos entre 1977 y 1992. Se trataba de una colección de aforismos, máximas y pensamientos breves con contenido profundo y mordaz en cinco volúmenes, posteriormente recogidos en Escolios a un texto implícito publicado en 2009. Gómez Dávila decía: "Las frases son piedrecillas que el escritor arroja en el alma del lector. El diámetro de las ondas concéntricas que desplazan depende de las dimensiones del estanque". No desaprovechó las circunstancias que lo rodeaban para aprender. Nacido en el seno de una familia aristocrática y culta, tuvo una avidez por el conocimiento que se originó desde muy niño mientras vivía en París. Se interesó por la historia, la literatura, la arqueología, la filosofía, el arte y los idiomas, temas que le mantuvieron gran parte de su vida absorto en su biblioteca. He aquí algunos de los aforismos de este hombre cuyo pensamiento no debe considerarse como una ideología, pues como él mismo se describió: "soy un pagano que cree en Cristo". "El que lucha contra el envejecimiento envejece meramente sin madurar". "La inteligencia no consiste en encontrar soluciones sino en no perder de vista los problemas". "El escritor que no tenga baratijas intelectuales para la venta no puede quejarse de su poco éxito". "Los medios actuales de comunicación le permiten al ciudadano moderno enterarse de todo sin entender nada". Alguien decía que su obra, una síntesis del pensamiento social y humano del siglo XX, es una saludable medicina contra los venenos del presente. Amerita tenerlos en la mesa de noche para ser subrayados y releídos y, como él lo dice, "Nunca es demasiado tarde para nada verdaderamente importante". Para mí, este brillante autor colombiano, un "self made man", que escribió para sí mismo amerita estar en uno de nuestros billetes al lado de otras figuras de la cultura como lo están Gabriel García Márquez, Virginia Gutiérrez de Pineda y José Asunción Silva. Cierro con un par de escolios suyos que resumen su fructífera existencia: "Con buen humor y pesimismo no es posible ni equivocarse ni aburrirse"; "Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres".