
El ausente. Diario de un corroncho: 10 años

La nostalgia del "ausente" se convierte en inspiración. Un escritor celebra 10 años de expresar su sentir a través de más de 500 artículos, compartiendo su visión desde la distancia.
Por José Armando Benítez Tuirán Un día estás bailando, acompañando con las palmas y cantando a todo pulmón: "vamos a brindar por el ausente, que el año que viene esté presente" y sin saber cómo, al cabo de los años te das cuenta de que ahora el ausente eres tú. Porque el mundo es así de caprichoso. Y un día la tierra te traga y te escupe a cientos o a miles de kilómetros de tu hogar, y te descubres incapaz de abandonar esa nueva vida. Porque en esas geografías, que se dibujaban lejanas para ti, encuentras algo que no es perfecto, pero que se parece mucho a lo que soñaste. Aparece entonces la ausencia, que además de secarte los ojos y cubrirte de añoranza y nostalgia, también te inspira. Fomenta en el ausente la necesidad de expresar el vacío y la soledad, de buscar una terapia que arrope de calma al corazón. La vida me dio el privilegio de encontrar en la escritura un bálsamo para tanta lejanía. Escribir dejó de ser una actividad, para convertirse en un lugar al que acudir, en un sitio donde siento que aún vivo en mi tierra. Pedro Nel Valencia, jefe de redacción de El Meridiano, me dio la oportunidad de publicar mis opiniones en este medio impreso y digital hace 10 años. Hoy lo celebro porque es quizás lo más placentero y reconfortante que he hecho durante mi vida. Son más de 500 artículos. Algunos buenos, otros no tanto, pero todos llenos de mis subjetividades, esas que me permiten opinar con honestidad y con rigor de expresar lo que siento. Siempre intentando construir, tratando de generar conciencia colectiva con mi insignificante aporte. Seguramente me habré equivocado, pero nunca he utilizado esta tribuna para hacer daño, ni para perjudicar a nadie. Mil y mil gracias por su tiempo a todos aquellos que me leen, comparten y comentan mis artículos. No importa si son comentarios negativos. Pues escribir y publicar no me hacen sentirme columnista. Es cuando me leen, cuando siento que estoy cerca de serlo. Me volvió a coger diciembre lejos de mi tierra, y eso que me dio doce meses de ventaja. Por suerte escribir para ustedes cada jueves me acerca a mi terruño, a mis raíces, a mi gente. La ausencia me ha servido para tomar distancia y ver evolucionar desde el exterior a mi pueblo cordobés, y para entregarles cada semana mi opinión: el diario de un corroncho.