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Opinión

El aula de clases es sagrada

Francisco Montes Vergara
Francisco Montes Vergara
Columnista
16 de abril de 2026

El aula de clases es un lugar que merece el máximo respeto. Normalmente se ve como un espacio físico formado por cuatro paredes, lleno de sillas y un escritorio. Pero resulta que es un sitio donde el conocimiento se multiplica. No sólo al pasar de una persona a otras. También permite asegurar que se mantenga en el tiempo, pues se difunde entre generaciones.

El aula de clases es un lugar que merece el máximo respeto. Normalmente se ve como un espacio físico formado por cuatro paredes, lleno de sillas y un escritorio. Pero resulta que es un sitio donde el conocimiento se multiplica. No sólo al pasar de una persona a otras. También permite asegurar que se mantenga en el tiempo, pues se difunde entre generaciones. Adicionalmente, por su connotación, debe garantizar que exista veracidad en la enseñanza, toda vez que su órbita fue construida para enseñar ese valor; pues son los libros técnicos la fuente primaria la que debe tener el docente como material guía para enseñar. De lo contrario no sería conocimiento y no tendría el valor de la verdad. Los libros, por la rigurosidad que se les exige para poder ser publicados, son una fuente de conocimiento; no obstante, en ocasiones son tratados como objetos que ocupan espacio y lo ven como improductivo. Ante el anterior contexto, siendo ello una realidad, con más razón es un lugar donde está prohibido orientar al estudiante hacia ideologías políticas. Se sale de la ética docente y desde luego de la institución educativa usar el aula de clases para conseguir votos y direccionarlos a algún candidato. Esta es una conducta que esta penalizada. Empero, presuntamente en las regiones no es respetada la norma, es burlada la ética, agredida la inocencia del estudiante que está en formación, atropellando el principio de transparencia, agrediendo el derecho fundamental de la educación y la libertad en la formación de ideas, como también pisoteando la condición sagrada que envuelve el conocimiento como regalo de Dios al Ser Humano. Dios enseñó la verdad, no mentiras y el conocimiento esta formado por verdades. Entonces, no puede ser el aula de clases un abismo de oscuridad para irradiar temor y oscurecer las mentes confundiendo al estudiantado. Es responsabilidad de los rectores cuidar ese aire de principios, luz y transparencia como columna vertebral para el desarrollo de Colombia y las futuras generaciones. Un aula de clases no puede ser una caja de pandora donde se cierra la puerta y nadie sabe qué sucede en la clase. El docente debe sentirse orgullo más de su ética que del conocimiento. Asimismo, el rector de la institución. El rector además de gerente, debe ser un ejemplar académico.