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Opinión

El arte de la hipocresía

Marta Sáenz Correa
Marta Sáenz Correa
Columnista
4 de marzo de 2024

La hipocresía, un disfraz social común, esconde verdaderos sentimientos y busca la aprobación. Aunque molesta, a menudo se prefiere a la sinceridad.

Por Marta Sáenz Correa La hipocresía es algo que nos molesta a todos. Sin embargo, parece más sensato maquillar nuestro comportamiento y adecuarlo al contexto, ocultar nuestros verdaderos sentimientos, moderarnos en nuestras respuestas y amordazar nuestra espontaneidad en aras de una supuesta convivencia armoniosa. La hipocresía es la actitud constante o esporádica de fingir creencias, opiniones, virtudes, sentimientos, cualidades, o estándares que no se tienen o no se siguen; es un tipo de mentira que viene del deseo de esconderse de los demás. La persona hipócrita finge cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente tiene o experimenta, un autoengaño. Los psicólogos interpretan la hipocresía como un mecanismo inconsciente de defensa y no un acto de engaño consciente. La hipocresía social no es ninguna patología, sino una cualidad que nos inculca la propia sociedad en la que vivimos. Por desgracia, hablar claro en ocasiones está mal visto, siendo mejor considerado decir lo que los demás esperan escuchar. Incluso a veces uno se engaña a sí mismo, se ve rodeado de gente, tiene éxito, pero no puede decir lo que piensa, no puede ser sincero ni consigo mismo, ni saborea el placer de ser escuchado de verdad. Cada vez se demanda más autenticidad, porque una persona que es capaz de mentir y mostrar una cara cuando en realidad oculta una muy distinta puede esconder otras cosas realmente peligrosas. La hipocresía sirve al hipócrita como pantalla para proteger su verdadero yo y su reputación. Es decir, vive en una mentira porque no hay congruencia entre su esencia o su ser y su actuar o proceder. Las personas hipócritas son carismáticas, encantadoras, serviciales y pueden dar la imagen de ser amables, tiernos, amorosos, sin embargo, aparentan ser todo lo contrario de lo que en realidad son, tienen personalidades tóxicas. Las personas hipócritas tienden a buscar maneras rápidas y poco honestas de conseguir capital social, es decir la simpatía de muchas personas, o al menos la posibilidad de recurrir a ellas. Para ello, algo habitual es fingir un falso interés por la vida del otro en momentos clave. Se nota que no es una iniciativa honesta y espontánea porque, más allá de estos momentos clave, la simpatía se transforma en diferencia. La hipocresía esconde las verdaderas intenciones y personalidad de quien la ejecuta. En los territorios donde cabalga la mentira vestida de dulce hipocresía, la sinceridad es siempre la gran incomprendida. Es como si comunicar con transparencia fuera un delito, una osadía. Nos exigen sinceridad, pero son muchos los que se ofenden si decimos la verdad.