
El arte de halagar sin irrespetar

El artículo aborda la delgada línea entre el piropo y el acoso sexual, destacando cómo comentarios y gestos inapropiados vulneran y objetivizan a las mujeres. Analiza la importancia del respeto y la educación.
Por Glenda K. Fuentes Con el respeto de los movimientos de mujeres que piensan diferente a mí, considero que las manifestaciones halagadoras y respetuosas suelen añadirle belleza al día. Que, aunque sean no pedidas y no consentidas, contribuyen a la feminidad. La historia nos ha demostrado el poder inspirador que tienen las mujeres, quienes han sido musas no solo de grandes artistas si no también de otros tantos creativos, que en cuestión de segundos son capaces de expresar a través de versos fáciles o "piropos" sentimientos o emociones que resaltan sus cualidades. Ahora bien, es crucial indicar que la admiración no debería comprometer la comodidad ni convertirse en una intrusión en la esfera personal. El respeto, entonces, se erige como el punto que delimita la línea delgada entre el cumplido auténtico y el acoso. ¿Qué pasa entonces cuando estos se tornan lascivos o invasivos? ¿Cuándo van acompañados de comportamientos sexuales? ¿Cuándo llevan gestos y miradas morbosas? Cuando las mujeres somos objeto de comentarios vulgares y desagradables, no solamente nos hacen sentir incómodas, sino que nos hacen sentir vulnerables y objetivizadas. Esto no solo es inaceptable, sino que también es acoso y violencia de género. El acoso sexual es un problema grave que afecta a mujeres en todo el mundo. Puede presentarse en diferentes formas, desde miradas sugestivas hasta invitaciones sexuales no deseadas y tocamientos inapropiados. Con frecuencia, los acosadores disfrazan sus comentarios desagradables con aparentes piropos y en los lugares de trabajo utilizan su poder o su autoridad para manipular o intimidar a sus víctimas. Por años, se ha normalizado el acoso sexual y se ha minimizado la importancia de las denuncias. Las mujeres a menudo son ridiculizadas o culpadas por la situación, y se espera que ignoren o toleren este tipo de comportamiento. Pero, gracias a los avances en la protección de los derechos de las mujeres, el acoso sexual está empezando a ser tratado como lo que es: una forma inaceptable de violencia de género. La sentencia 140 de 2021 de la Corte Constitucional de Colombia por ejemplo es un logro significativo en la protección de los derechos de las mujeres y en la lucha contra el acoso sexual en el lugar de trabajo. Esta sentencia nos recuerda que el acoso sexual no es solo un acto inapropiado o una falta de ética, sino una forma de discriminación basada en el género. Es vital educar a la sociedad y a nuestros niños/as y adolescentes sobre la importancia de crear una cultura de respeto y de establecer límites. Donde un comentario discriminador, intimidante y sugestivo hacia una mujer sea rechazado de manera natural por quienes lo presencien. No hay nada que transforme más que la sanción social. Así que, ¡Por más piropos que sean un arte y no un desastre!