
El arma de la ira

Los fusilaron frente a la mirada impávida de la humillación, entre el soplar de la brisa aullando un lamento y las ráfagas del miedo.
Los fusilaron frente a la mirada impávida de la humillación, entre el soplar de la brisa aullando un lamento y las ráfagas del miedo. Los acribillaron por la virtud de su inocencia, por simple crueldad y la ira de la guerra. Mientras llovía, la luz de un farol oscilaba como testigo. Iluminaba la llama de la tragedia. Sangraba el dolor en denuncia ante la barbarie. Quedaron despojos del sacrificio y del silencio. Este microrrelato me viene a la imaginación y con base al famoso cuadro del artista español Francisco de Goya: "Los fusilamientos del 3 de mayo". Expresa la crueldad acerca del monstruo exterminador de la guerra y al laberinto sin salida de las víctimas. El bajo fuego de la ira. La destrucción. Su impresionismo muestra el impacto y el horror en los humanos. Plasma la violencia y el sufrimiento con realismo, dramatismo y demás vejaciones a las que está expuesto el hombre de bien. Hay un río embravecido que arrasa con todo a su paso. Lo navega un barco sin rumbo. Viene bajo un vendaval que se ensaña sobre las esperanzas, con la brújula rota y una tripulación desorientada. Navega en nuestra geografía como un navío con epidemia a bordo, infectando y diezmando a toda una sociedad. Su malignidad corroe. Afecta cada órgano y función vital. Ha cesado el engranaje de su reloj. Está oxidado. Es la ineptitud quien está marcando el tiempo con fiel precisión. Viene desmoronándose con cimientos débiles y armazones agrietados, amenazando colapsar sobre una población que no deja de sufrir y llorar por sus seres queridos. Allí hay un escudo solo para la malignidad que se alarga, para la semilla que germina en la oscuridad. Sin duda alguna, tienen un rompecabezas desordenado. Las piezas no les encajan. Sonríen mientras desarman los sueños pieza por pieza. La imagen final es evidente: clara, pero con proceder y finalidades siniestras. Con la astucia como armadura y el alma vendida al diablo, impera la ley del más fuerte. Son más los problemas sociales que se fundan que los resueltos. Es insomne el síndrome que devora el cuerpo de la nación. Agota. Rompe. Hiere. El debilitamiento y el mal manejo han fracturado la columna del país. Sufre. Late con ritmo cansado y un dolor que persiste. Recae. Las cicatrices en el rostro de muchos colombianos son heridas abiertas, cada una de ellas expresa una historia de sufrimiento y una irreparable pérdida.