
El amor, siempre el amor

El amor, sentimiento sublime que fusiona cuerpo y alma, trasciende en la historia humana. Un misterio con aroma a libertad y placer, que impulsa la honestidad y la conexión.
Por José Arturo Ealo Gavirira El amor existe en la humanidad: sentimiento sublime de nobleza. Investido de fuerza armónica entre existencia y esencia, entre cuerpo y alma. Vía de valores a través de la historia del hombre. Relevancia ornada de estima. Abraza lo esencial de la humanidad. Placer desarrollado en concordia, empalmado al ejercicio de la libertad. En él lo que se busca no es más que el amor en sí. Posee visión mística. El amor requiere una interlocución humana. Más allá de la simple recreación hay un potencial imaginario que emprende de una manera increíble lo trascendental y perdurable. Eso es el amor. Da para una rosa en un mirador ante una inmensidad de azul. Es más rosa la rosa y más azul lo azul. La sed que aviva. La sed escucha. El amor no dice otra realidad más que eso. Es una evidencia, es otredad y no solo algo parecido. Susurran las hojas del tiempo. Esas que vuelven a caer cuando los ojos se posan en el visor de las estaciones. Y esa sinrazón del viento conduce. El mundo necesita recuperar llamas de inocencia. Plenitud de vida. Misterio. Milagro. La escritura de testimonio con transparencia, con el alma, con el corazón. Vacío. Humildad. Se desvela y desholleja visos de la palabra, guiños de contemplación. Devela una espiritualidad que trasciende en generaciones. Devuelve el asombro más humano. Lo primigenio. El espíritu se hace habitable. El amor habla con honestidad, razona con sinceridad, ejerce con integridad. Se revela con expresión interna, incontrolable, y hasta muchas veces incomprensible. Es parte de un reflejo, brindando lo necesario para manifestarse. Abarca todos los sentidos. Él huele. Posee textura. Su sabor es sin igual. Abre el portal del placer y el bienestar del cuerpo. Tiene aroma a inmensa gama de fragancias altamente adictivas, apasionadas y sensuales. Infinidad de matices. No hay nada imposible para quien lo lleva prendido como escapulario en su mano. El secreto de los éxitos radica en el amor. Nada más alejado de una de las consideraciones iniciales de estos renglones las virtudes de refugiarnos a la expresión de amor que privilegia lo más profundo y limpio de nuestro sentimiento, la sustancia no contaminada que no se ve restringida de ninguna manera. Libertad a final de cuentas: elemento clave. Se precisa alardear sobre un rumbo verdadero, un sentido invaluable al ver exaltada una pasión que requiere un gran vínculo. El misterio del amor nos precede y nos sobrevive.