
El amor es gratis, el divorcio no tanto

Enamorarse es sencillo, pero el matrimonio presenta desafíos. El divorcio revela verdades sobre la sociedad conyugal, la cual comparte bienes. Las capitulaciones matrimoniales anticipan acuerdos legales para evitar conflictos futuros.
Por Glenda K. Fuentes Enamorarse es fácil. Es un proceso natural que fluye sin esfuerzo, lleno de momentos inolvidables, emociones intensas y promesas de eternidad. Pero el matrimonio es otra historia. Mientras que el amor puede ser una llama eterna de paz y afecto, el matrimonio no solo puede apagarse en un instante, sino también convertirse en un incendio incontrolable que arrasa con todo a su paso. No son pocos los que, al llegar al divorcio, sienten que están frente a una persona completamente distinta a la que conocieron. El verdadero carácter a menudo se revela cuando llega el momento de dividir lo que se cree propio. Frases como "yo lo trabajé" o "tú no hacías nada" emergen, transformando lo que alguna vez fue amor en una batalla campal por bienes, derechos y, a veces, por la propia dignidad. Es durante este proceso de separación cuando realmente comprendemos qué significa la sociedad conyugal, un régimen que en muchos casos se asume sin haberse discutido demasiado antes del matrimonio. Bajo este esquema, todos los bienes adquiridos durante el matrimonio pertenecen a ambos cónyuges, sin importar quién figure como titular o quién generó los ingresos. En el momento del divorcio, la lógica de "esto es mío" deja de tener valor, ya que la ley estipula que todo lo adquirido durante el matrimonio es de ambos. Al final, todo lo adquirido y lo adeudado durante el matrimonio, sin importar el papel que cada uno desempeñó, se reparte de forma equitativa. Es así que quien no contempla compartir lo que pueda producir durante el matrimonio o las ganancias de lo adquirido previamente en una ruptura, debe considerar la posibilidad de hacer capitulaciones matrimoniales para evitarse muchos dolores de cabeza. A más de uno he visto ofendido con una petición de este tipo, pero no debería ser así. Casarse no es solo un acto de amor; es un acto que genera efectos jurídicos, y las capitulaciones permiten abordar estos efectos de manera clara y anticipada. Las capitulaciones matrimoniales son acuerdos legales que se establecen antes de contraer matrimonio. A través de ellas, se decide qué bienes quedarán excluidos de la sociedad conyugal y cómo se manejarán en caso de una separación. Los requisitos son sencillos: debe haber mutuo acuerdo entre las partes, realizarse mediante escritura pública ante un notario y, lo más importante, deben firmarse antes del matrimonio. Estos son temas que todas las parejas deberían discutir antes de casarse. Más vale incomodarse un momento y poner sobre la mesa todas las expectativas que asumir un conflicto mucho mayor en el futuro. Después de todo, el matrimonio es mucho más que una promesa de amor: también es un contrato con implicaciones económicas y patrimoniales.