El alcohol
El consumo de alcohol, aunque socialmente aceptado, es una sustancia psicoactiva con efectos nocivos en el organismo. Afecta el sistema nervioso central, el hígado y la absorción de nutrientes.
Por Alberto Enrique Pacheco Consumida en forma de bebida alcohólica es un líquido comúnmente aceptado y utilizado socialmente por la sensación de relajación y la pérdida de inhibición que genera. No obstante, por tratarse de una sustancia psicoactiva ejerce diversos efectos nocivos en el organismo humano, en tanto, al ser absorbido en el tracto gastrointestinal y distribuido a través del torrente sanguíneo, afecta principalmente el sistema nervioso central. Es un depresor, que reduce la actividad neuronal. Inicialmente, tratándose del proceso metabólico realizado por el hígado, actor central en el metabolismo, el cual juega un papel crucial en la descomposición del alcohol, debe decirse que en la transformación a compuestos menos tóxicos, el hígado tiene una capacidad limitada. El consumo excesivo puede sobrecargar este órgano vital, llevando a una serie de consecuencias negativas para la salud como el hígado graso, la cirrosis, por mencionar algunos. Aunado a ello, respecto a la biotransformación de nutrientes, el etanol altera la forma en que el cuerpo procesa carbohidratos, grasas y proteínas. Ese desajuste afecta la eficiencia del cuerpo para utilizar y almacenar los nutrientes esenciales, fuera de interferir en la gluconeogénesis y la producción de glucosa a partir de fuentes no glucogénicas, contribuyendo en la variación de los niveles de azúcar en sangre. De hecho, como efectos a largo plazo, en cuanto al transporte del hierro, el consumo crónico de licor interfiere en la absorción adecuada de hierro en el tracto gastrointestinal, aumentando el riesgo de deficiencias y trastornos relacionados con este mineral esencial. Específicamente, dentro del proceso digestivo, el alcohol rompe la barrera intestinal y compromete su integridad, menoscabando la actividad de defensa que este realiza en el cuerpo humano cuando realiza su gestión de regular qué sustancias ingresan desde el intestino hacia el torrente sanguíneo. Cuando esta barrera se ve comprometida, se producen filtración de bacterias y productos tóxicos que desencadenan una respuesta inflamatoria sistémica. Todo ello, sin dejar de lado, que su consumo fragmenta el sueño, reduciendo el tiempo en la etapa de sueño profundo; despertares nocturnos que perjudican la capacidad de recuperación en la noche. Prueba de ello, es que aquellas personas que recurren a su consumo, al relajar los músculos de la garganta, aumentan la probabilidad de apnea, trastorno en el que la respiración se interrumpe repetidamente durante la noche llevando a la sensación de fatiga durante el día; además que, por ser un diurético aumenta la necesidad de orinar.