El Alcalde y su ocaso
Los alcaldes, figuras clave en la administración local, son elegidos popularmente, pero ¿conocemos su origen y funciones? Análisis sobre su rol, requisitos, y el impacto de su gestión.
Por Rafael González Guerrero A los ciudadanos nos corresponde elegir a los alcaldes, pero casi nunca sin saber de dónde viene el nombre de la institución ni cuáles son sus funciones. En casi todas las ciudades del mundo son elegidos popularmente, por mayoría simple, en una o dos vueltas, para un período de entre cuatro y seis años. Antiguamente tenía las funciones de Juez, pero hoy los tenemos solamente como la primera autoridad de una localidad con funciones netamente administrativas y políticas. La persona elegida debería convertirse en la guía y el líder que su comunidad necesita. En Colombia debe ser ciudadano en ejercicio, haber nacido en el respectivo municipio o haber residido allí durante tres años en cualquier tiempo o un año anterior a la inscripción. A la inscripción de su candidatura deberá acompañar el programa de gobierno que ejecutará durante su período constitucional. La connotación de ser ciudadano en ejercicio, como único requisito, acarrea unas consecuencias para el ejercicio del cargo, pues no se exige ninguna preparación académica para desempañarlo, a pesar de que hoy en día la administración pública se caracteriza por un sinnúmero de materias que necesitan del conocimiento adecuado para su buen funcionamiento. Hay quienes opinan que el sistema de elección popular no debió implantarse aquí porque nuestra idiosincrasia no da para ello y que, por el contrario, deberíamos seguir con la escogencia directa que de ellos hacían los presidentes y gobernadores, dependiendo su estabilidad del querer de estos mandatarios. La costumbre, con excepciones, es que andan a manera de ruedas sueltas, y como no tienen un nivel jerárquico que los ate a un superior, hacen muchas veces lo que les venga en gana, aun cuando dependen, para diversos de sus proyectos, de la parte legislativa en lo atinente a los "cupos indicativos" (mermelada) que el Gobierno central ha impuesto como práctica para repartir dineros a los congresistas. Algunos funcionan bien y vemos cómo hay ciudades que están resolviendo sus necesidades básicas insatisfechas. Y, además, cerrando un poco esa brecha social. El de Sincelejo, en su ya largo ocaso, ha comenzado a medio hacer algo en lo referente a vías, reparaciones de viviendas y alguna cosa más con propaganda en redes. Pero lo que llama la atención es que ahora lo está haciendo para la época de elecciones, a las que lleva candidato para sucederlo, sin que se asomen los organismos de control.