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Opinión

El aciago final del socialismo cubano

Valmiro Sobrino Oliveros
Valmiro Sobrino Oliveros
Columnista
23 de enero de 2026

Cuba recibió durante treinta años una “ayuda” anual de cinco mil millones de rublos de la antigua Unión Soviética. Con menos de la mitad de ese dinero el Plan Marshall reconstruyó a toda Europa después de la segunda guerra mundial. Pero la dirigencia cubana la despilfarró en burocracia, en gastos militares innecesarios como el envío de más de 375 mil cubanos que participaron durante 16 años en la guerra de Angola en África y en el financiamiento de innumerables grupos guerrilleros en América Latina y otras partes del mundo.

Si hubiese empleado esos inmensos recursos en proyectarse como una nación industrializada hoy fuera un ejemplo de desarrollo para América Latina; pero no se construyó una infraestructura industrial ni tecnológica, no se industrializó al sector agropecuario ni se pensó en términos de desarrollo como lo hizo china, sino que la estrechez mental de una dirigencia ideologizada estancó al país en una economía primitiva tercermundista y hoy es el país más pobre de América. El discurso socialista ha fracasado rotundamente. Los indicadores de pobreza están tocando fondo. Una escasez severa de alimentos obliga al 65% de la población a una sola comida al día. En Cuba no hay supermercados y los alimentos básicos se reparten a cuenta gotas en los comisariatos del gobierno donde se entregan raciones de hambre mensualmente a una familia. Yo presencié que a una señora con 3 hijos le daban 3 litros de leche para el mes, una botella de aceite a medio llenar y unas cuantas libras de arroz y de azúcar. La crisis energética está obligando a cocinar con leña en las ciudades. El salario mínimo es de 18 dólares, solamente mayor que el de Venezuela. La crisis de medicinas y hospitalaria crece en entidades de salud destartaladas y sin recursos tecnológicos. La crisis energética agravada ahora por la falta de apoyo del petróleo venezolano tiene a dos tercios de la isla sin energía. Venezuela mandaba a Cuba entre 27 y 52 mil barriles diarios de petróleo y ahora ya no reciben nada por la crisis del Caribe. El mundo entero debe movilizarse para prevenir una catástrofe de hambruna como la que ocurrió en Somalia; pero ante todo, expulsar del poder a una dictadura infame de una camarilla de ineptos aferrados a subsistir aunque su pueblo sucumba.