
El 20 de Enero

Las fiestas del 20 de enero celebran su 178 aniversario en Sincelejo, honrando al "Cabecita de Oro" y rindiendo homenaje a Arturo Cumplido. La alegría y la tradición se fusionan en esta celebración.
Por Aníbal Paternina Padilla Llegó enero vestido de fiesta con nuestras celebraciones tradicionales del 20 de Enero, nuestra identidad a nivel mundial en honor del Dulce Nombre de Jesús, "El Cabecita de Oro", patrono Inmaculado del famoso y Afamado certamen enerino en su cumpleaños número 178, en homenaje este año a don Arturo Cumplido, inolvidable personaje emblemático y procurador de nuestro incomparable festival. Este largo peregrinar de la alegría tiene su origen en el ancestro y en el fervor festivo y religioso de nuestro pueblo que cada año se viste con sus mejores galas a disfrutar sus fiestas para la cual todos los caminos conducen a Sincelejo. Hoy nos vienen en la mente nostálgicas evocaciones de épocas veintenerinas vividas. En la torre de la vieja iglesia de San Francisco de Asís, el reloj canta cinco campanadas. Las recámaras del Cabío y Adolfo Muñoz lanzan su grito detonante que es un cordial mensaje de invitación. En epifánicas aleluyas las campanas de la otra torre de la iglesia repican sin cesar. Al desgrane de porros y fandangos, las palmeras anhelantes de danzar, mecen su cabellera esmeraldina a la posibilidad de mover los pies. Se descorre lentamente el velo inconsútil de la mañanita perfumada y fresca. La fiesta del dulce Nombre está bien florecida. Del cuprífero instrumental se escapa un alegre fandango que acompasa jactancioso el bombo en las calles sincelejanas por donde la banda pasa. El entusiasmo como insecto eufórico pasa por las puertas abiertas e inocula su ponzoña de alegría que febril se propaga contagiosa. El sol que baña de oro matinal la ubérrima sabana le da un beso a Sierra Flor y asciende al par que crece, festivo regocijo en el corazón de moradores y visitantes. En la plaza veintenerina hay olor a ropa nueva; se escucha el crujir de abarcas y zapatos en estreno. El sombrero vueltiao luce vanidoso y señorial. En los andenes, guirnaldas de huevos de iguana, montañas de múcuras y tinajas. En los garitos, cristalinos licores que pugnan por escapar de sus cárceles de vidrio; azafates que ofrecen freskola, guarapo de caña y chicha de maíz. El sol al meridiano es un punto aparte. Rítmico tableteo de canillas. Entrada al redondel de astados y corceles y un porro de Armando Contreras se desmaya en el instante. La tarde se fugó con el sol y la noche con linternas de plata avanza en su persecución. En un oblongo enmarcado en luces multicolores que ostenta el tricolor patrio, de súbito aparece el santo patrono, el Cabecita de Oro. ¡Loor al 20 de Enero!