
Ecos de guerra en Venezuela

Venezuela se encuentra al borde de la tensión. Lula da Silva revela la amenaza de Maduro: si pierde las elecciones, correrá sangre. El mundo observa expectante ante el posible escenario.
Por Miguel Mercado Vergara Venezuela en tensión. Preocupa la confesión de susto que ha hecho el presidente brasileño Luis Ignacio Lula da Silva porque oyó decir a Nicolás Maduro que si perdía las elecciones del próximo domingo correrá sangre en el vecino país. La verdad es que ese grito angustioso lo lanzó Maduro hace días en una arenga pública y en torno a esa supuesta sangría el mundo se halla expectante. Ese clamoroso vaticinio devela una gran amenaza producto de la situación desventajosa en que hoy se encuentra el líder venezolano según los resultados que arrojan las encuestas publicadas a pocos días de la puja electoral en que Edmundo González, su contendor, puntea de modo considerable en los sondeos. Lula da Silva es un demócrata convencido de que en la dinámica política se gana y se pierde y cuando sucede lo último hay que irse. Así se lo aconsejó a su colega y ello entraña el raciocinio más elemental que cualquiera puede hacer ante un evento eleccionario. Pero sucede que Maduro es un mal perdedor y frente a la angustia de la derrota no le queda otro argumento que el de la amenaza de una guerra interna. "Maduro sabe que la única posibilidad de que Venezuela regrese a la normalidad es tener un proceso electoral respetado por todo el mundo. Si Maduro quiere contribuir al regreso de las personas que salieron del país y establecer un estado de crecimiento económico, tiene que respetar el proceso democrático". Eso le dijo Lula y le agregó: "Cuando pierdes, te vas a casa y te preparas para presentarte a otras elecciones". Si aquellos países en los que la vida institucional se desenvuelve al vaivén de la democracia electoral se producen situaciones caóticas y de derramamiento de sangre cada vez que hay una cita a las urnas, se torna imposible la convivencia civilizada porque el reino de la guerra será el destino de esas comunidades. Allí la existencia humana jamás conocería los colores de la paz. Ya en Venezuela la suerte está echada. En Colombia preocupan en demasía los sobresaltos de la democracia de allá por todas las razones históricas y de vecindad que nos unen. Nuestro destino común es el de propender por el fortalecimiento de los niveles de vida, y ello está íntimamente ligado a la solidez institucional de ambas naciones.