
Economistas, aves de mal agüero

Analistas de los asuntos del vil metal y economistas, casi todos, podrían ser, sin temor a equívocos, las verdaderas aves de mal agüero. Es muy raro, pero muy raro, que una decisión del gobierno sea de buen recibo. Y no solo en este cuatrienio. Es normal que a ellos nada les plazca y, por supuesto, nada dé resultados positivos en el futuro.
Son las casandras, esas que predicen solo lo malo cada que abren la boca. Es difícil creer en sus pronósticos porque, bien que mal, ahí vamos. Pero hay algo en común entre esos señores, la mayoría ha sido ministro de Hacienda y no la han sacado de la epidemia que mayormente la afecta: la pobreza. La informalidad no puede contarse como éxito de ningún gobierno, sacar pecho porque unos cuantos pueden sostenerse con lo que ganan en puestos callejeros o arrastrando una carreta por las congestionadas vías de algunas ciudades no es meritorio porque allí solo prima el esfuerzo personal. Ni uno solo de esos ilustres economistas ha traído, además de su diploma, la fórmula para hacer de la colombiana una economía próspera. De acuerdo con los análisis de esos señores, de ayer, hoy y siempre, es imposible pensar que el país pueda tener un mejor mañana. Cada uno, en el ratico que ha estado en un gobierno, formula salidas que acrecientan la deuda y empeñan la riqueza del suelo colombiano de donde brota el petróleo, el carbón, el oro, el café, el banano, la caña de azúcar, las flores, la madera, y la droga. Desalentador que vivamos en un ascensor: sube o baja el precio del barril, sube o baja la carga de café… Algo tiene que haber que no sacuda hasta los cimientos a esta nación de genios y no salgan a cantar la catástrofe de los otros. Alguna salida habrá que encontrarle para que por lo menos un renglón se mantenga estable. Milagros se han visto. Las propuestas para crecer siempre salen de lo poco y no significa que no tengan un valor importante: los aguacates, las artesanías, los tejidos artesanales; algo así como las fábricas de escobas y arepas de la posguerra del narcotráfico en varias ciudades. Y el otro factor que alienta a las casandras son los pronósticos de The Economist, The Wall Street Journal, Financial Times, Bloomberg, CNN, que para los países como Colombia, que son pobres, pero sobre todo empobrecidos por mal administrados y por una corrupción que los carcome, muy pocas veces recibirán elogios de medios que están atentos al gran capital. Sin embargo, lo que digan sigue inspirando a los analistas para mantener el discurso al día. Así como se le pide al Presidente, a los políticos, a los guerreristas, a los amigos de calentar cabezas que moderen el tono, que no echen más leña al fuego, sería bueno que los analistas económicos no cercenen de un tajo la esperanza de quienes se levantan cada día con el propósito de emprender y de hacerle el sesgo a la derrota.