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Opinión

Economía e idiosincrasia

Luis Manuel Espinosa
Luis Manuel Espinosa
Columnista
23 de octubre de 2023

La cultura caribeña sabanera, marcada por la precariedad económica, se enfrenta a la "dejadez". Esta realidad, sin embargo, podría ser clave para el turismo y la economía local.

Por Luis Manuel Espinosa La cultura sabanera caribe se genera a partir de un fenómeno muy particular, que consiste en la carencia de mecanismo que incorporen el quehacer de las gentes en los procesos económicos que imperan en el mundo. Ello trae como consecuencia, que los pueblos asentados en estos lares se entreguen a la dejadez y al aguante como dijera Fals Borda. Si bien, los habitantes de las Sabanas, hacen uso de la agricultura y la pesca, los hacen únicamente en forma precaria, como un medio de subsistencia nada más. Cuanto siembran o pescan solo alcanza para el diario vivir, sin que se pueda obtener un excedente que permita acumular un capital para la inversión. De ahí también, que el comportamiento de las gentes no sea otro, que el de una pasiva actitud, de aparente conformidad, lo cual ha de traducirse necesariamente en un abandono total, sin más esperanzas que lo simplemente contingencial. Anteriormente las Sabanas, debido a que pertenecía al sistema colonial español, incorporaba buena parte de su producción agrícola a la economía de la metrópolis. A su vez recibía también algunos de los productos de la península, con lo cual se operaba un intercambio de productos, que bien que mal, incrementaban la economía regional. Pero luego, a raíz de la independencia nacional, al sobrevenir el liberalismo económico, se redujo el comercio con Europa, al punto, que solo era dable recibir los productos manufacturados en Inglaterra principalmente. De pronto, algunas materias primas indispensables para la industria de los países industrializados, era lo que se exportaba, como el tabaco por ejemplo. Así, que desde una perspectiva económica, las Sabanas fue perdiendo importancia a nivel nacional, no obstante convertir la ganadería extensiva en una fuente de riqueza, que con todo, no era lo suficientemente competitiva para asegurar una estabilidad económica en lo regional. Hoy en día, los pueblos de las Sabanas viven dedicados, en parte, a las actividades religiosas y festivas. Ello, como una forma de resistir los embates de la pobreza, así como también, de impetrar la asistencia divina. Igualmente, las actividades festivas son una forma de desarrollo económico, que a manera de feria medieval, generan un intercambio de productos vernáculos que aseguran la convivencia y subsistencia de las gentes. De suerte, que en la medida en que este modo de proceder hace patente una idiosincrasia, se está haciendo evidente una expresión propia de cultura popular, la cual puede resultar de interés para otros pueblos más robotizados y neurotizados. Así que la llamada dejadez de las gentes de las Sabana del Caribe, puede ser el punto de partida para un aprovechamiento turístico y para el impulso de las llamadas actividades económicas populares.