Cargando indicadores...
Córdoba Logo
Imagen del artículo
Opinión

Dos conmemoraciones

Rafael Hernández Mestra
Rafael Hernández Mestra
Columnista
11 de noviembre de 2025

A principios de este mes de noviembre se conmemoraron dos episodios que conmovieron las entrañas del país y que atrasaron a nuestra sociedad en muchas décadas en el campo jurídico y en el aspecto social.

El primero de esos episodios ocurrió hace 40 años en el holocausto del Palacio de Justicia cuando los días 5 y 6 un comando armado del grupo guerrillero M-19 se tomó el templo de la justicia colombiana, en donde se desafió los cimientos del Estado Derecho y en donde quedaron la vida de varios magistrados, de muchos servidores judiciales y de muchos civiles que se encontraban en las instalaciones haciendo diligencias. En los días de la tragedia, año 1985, el gobierno del entonces presidente Belisario Betancourt, tenía como ministra de comunicaciones a Nohemí Sanín, quien tomó la decisión de ordenarle a los canales de televisión que transmitieran unos partidos de fútbol para distraer la atención de los colombianos y mucho se especula, y son muchas las voces que coinciden, que en la retoma del Palacio por parte de los militares hubo un vacío de poder ya que el presidente no fue quien tomaba las decisiones, sino, los militares. Las ironías de la vida: todavía a los militares que participaron en el operativo, "defendiendo la democracia maestra", los están procesando y condenando, mientras que los que causaron el holocausto están libres y gozando de las mieles del poder, hasta constituyentes fueron. Con esta quema del Palacio, el país se atrasó, en materia jurisprudencial, por lo menos 50 años. El otro hecho que se conmemoró el 2 de noviembre fue el asesinato, en 1995, de ese gran pensador y líder que fue el doctor Álvaro Gómez Hurtado. Fue abogado, profesor y líder político conservador, orgulloso de serlo, aunque estuvo siempre abierto al diálogo y que criticaba con vehemencia el atraso de la sociedad colombiana. Estaba convencido de que su destino no se podía desligar del hecho insoslayable de ser el hijo de Laureano Gómez, del cual fue durante muchas décadas el mayor intérprete, el heredero de su causa y legado. Álvaro Gómez Hurtado fue secuestrado y tras su liberación fue uno de los protagonistas y artífices del proceso de cambio y apertura política importante en la historia de Colombia en el siglo XX. El país le quedó debiendo el haberlo elegido presidente, que si lo hubiera hecho este país hubiera sido distinto.