
Domingo Donato

Domingo Donato, docente apasionado, dejó un legado de 50 años en la educación colombiana. Innovador y líder, transformó el aprendizaje y dejó huella imborrable.
Por Fernando Negrete Montes Apellido de ascendencia italiana que llegó a las tierras americanas en esa oleada europea buscando nuevas oportunidades o huyendo de las guerras que terminaron devastando al "viejo mundo" en su tránsito del feudalismo al capitalismo de manera violenta y cuyo punto máximo fueron las llamadas guerras mundiales que al final de cuentas sirvieron para enseñar que existen vías alternas para el desarrollo que es lo que se ha intentado en los últimos 70 años de posguerra. Domingo Donato como estudiante inquieto y de pensamiento crítico, se inclinó por la docencia y durante 50 años de ejercicio de la profesión, iniciando en 1975 en la Institución Educativa Carrizal del municipio de san Carlos y a partir de 1978 en el Colegio Antonio Nariño de Montería, construyó su universo alrededor de la educación guiando generaciones enteras de jóvenes que aprendieron del Maestro habilidades y destrezas que unidas a la pasión por el aprendizaje y el conocimiento, superaron barreras. Apasionado por las artes tuvo en sus manos la coordinación de las actividades lúdicas, recreativas y culturales que, combinadas con la parte académica, hicieron de la enseñanza una especie de juego al que se le apuntaban sus alumnos porque ese método de aprender jugando, como lo hacían cuando eran pequeños en sus casas, era una ventana que transformaba y enamoraba y sentirse bien realizando lo que más gustaba. En lo académico, ejerció liderazgo al propiciar el salto de la vieja máquina de escribir y la calculadora manual al computador. Así, a finales de los años ochenta del siglo pasado cuando los sistemas de información empezaron a acercar los pueblos y la globalización se encargaba de "romper" las fronteras nacionales, Domingo Donato no lo pensó dos veces e hizo una especialización en informática educativa convirtiéndose en el "profesor" de sus compañeros docentes, asesorándolos y capacitándolos en estas lides. En este recorrido fue encargado de la emisión de los boletines de calificaciones, de la elaboración de los diplomas de sus alumnos bachilleres y lo más importante, propició un ambiente académico que llevó a directivos, profesores, administrativos, padres de familia y alumnos, a otro nivel en el proceso educativo hasta el punto de convertir al colegio Antonio Nariño, del barrio Sucre, en plena zona industrial de Montería, ser algunos años después el primero en las pruebas Icfes (Saber) y donde es difícil conseguir un cupo hoy por la alta demanda. Hace una semana Domingo José Donato Hoyos nos dijo adiós y en torno a su paso por esta tierra, rendimos un homenaje de reconocimiento y admiración por su gran labor como docente, padre, esposo, vecino, persona innovadora, risueña, noble, respetuosa, que hizo historia en una comunidad que valora su esfuerzo y que replica su partida con esta frase: "qué lumbrera intelectual se ha apagado, qué gran corazón ha dejado de latir".