
Doctor por aquí, doctor por allá

El título "doctor" se trivializa en la sociedad actual, usándose sin distinción. ¿Qué significa realmente y por qué se aplica a cualquiera? Un análisis sobre su verdadero valor.
Por Glenda K. Fuentes Vivimos en un país donde el "doctor" se ha vuelto un símbolo vacío, un comodín social que muchas veces carece de valor. No importa si la persona es médico, abogado, comerciante o simplemente tiene algún cargo de autoridad, el título se reparte de manera generosa: "Gracias, doctor", "Adelante, doctor", "Con permiso, doctor". Pero, ¿qué significa realmente ser doctor y por qué lo usamos para todo el mundo? Hace poco comencé a estudiar un doctorado, y desde entonces, la importancia y el peso de este título han adquirido otro significado para mí. Estar rodeada de doctores de verdad, aquellos que han pasado años estudiando, investigando y dedicándose a su campo, me ha hecho ver el mérito que conlleva obtener ese título. Según la Real Academia Española, un doctor es una persona que ha recibido el último y preeminente grado académico que confiere una universidad u otro establecimiento autorizado. También se refiere al médico, aunque no tenga el grado académico de doctor, pues su estatus se les otorga con absoluta justicia. Para ellos no es un título de cortesía, es el reconocimiento de años de formación, noches de desvelo y jornadas interminables que no podemos ignorar. La responsabilidad que llevan en sus manos es proporcional al sacrificio realizado. Lo curioso, sin embargo, es que en nuestro contexto social, el título de doctor no se reserva únicamente para médicos o personas con doctorados académicos. Por el contrario, este se entrega a diestra y siniestra. Es común escuchar que se llame "doctor" a cualquier persona con cierto estatus o poder, independientemente de su formación académica. Desde comerciantes hasta profesionales o empresarios, el título parece más un símbolo de jerarquía que un reconocimiento fundamentado. Y es que lo más sorprendente no es su uso, si no la apropiación que han hecho algunas personas de este título. A más de uno he visto ofendido o se han sentido indignados porque su nombre no fue precedido por el "doctor". Es como si el término se hubiese convertido en una especie de requisito social para imponer respeto, sin importar si existe un mérito real detrás de él. Este uso inflado y desmedido no solo devalúa el esfuerzo de quienes realmente lo han trabajado, sino que también crea una atmósfera cultural un poco retrógrada. Llamar "doctor" a cualquiera minimiza lo que significa el verdadero esfuerzo detrás de un doctorado o una profesión como la medicina. No se trata solo de un título, sino del reconocimiento a años de formación y dedicación. Ser doctor no es gratis, es fruto del esfuerzo, del sacrificio y del compromiso con la construcción de conocimiento. Así que menos doctores por aquí y por allá, y más en el lugar donde deben estar: la salud y la academia.